Un análisis pone bajo la lupa las afirmaciones del Presidente sobre ingresos y mercado laboral. Si bien algunos números coinciden con estadísticas oficiales, especialistas advierten omisiones y matices clave.
En el marco del Día del Trabajador, las recientes declaraciones del presidente Javier Milei sobre la evolución de los salarios y el empleo volvieron a instalar el debate sobre la situación económica. Un repaso del medio Chequeado acerca de los datos muestra que, aunque algunas cifras son correctas, presentan recortes que modifican la lectura general.
Uno de los ejes del discurso oficial sostiene que “los salarios que verdaderamente se están desplomando son los del sector público”. Las estadísticas avalan una fuerte caída en ese segmento: los ingresos estatales retrocedieron un 18,3% en términos reales desde fines de 2023. Sin embargo, el análisis advierte que no fueron los únicos afectados: los salarios del sector privado también registraron una baja del 3,5% en el mismo período. En conjunto, el deterioro de los ingresos formales alcanza el 8,9%.
En materia de empleo, el Gobierno destacó la creación de 113 mil puestos de trabajo durante la gestión. El dato coincide con los registros oficiales, pero el detalle muestra otra dinámica: el crecimiento se explica exclusivamente por el avance del empleo informal. En paralelo, se perdieron puestos registrados en el sector privado y también en el ámbito estatal, lo que refleja un cambio en la calidad del empleo más que una expansión sostenida del mercado laboral.
Además, al incorporar la variable demográfica, el crecimiento del empleo queda por debajo del aumento de la población en edad de trabajar, lo que relativiza el impacto del dato difundido por el oficialismo.
Otro punto de discusión surge en torno a la evolución de los salarios no registrados. Desde el Gobierno se compartieron gráficos que muestran una mejora significativa en ese segmento. Si bien los datos del INDEC reflejan una suba, distintos especialistas plantean dudas sobre la forma en que se captan esos ingresos, especialmente en contextos de alta inflación, donde las encuestas pueden subestimar o sobreestimar la variación real.
En ese sentido, existe un debate abierto entre economistas sobre la consistencia de estas mediciones. Algunos sostienen que la mejora es en parte estadística, producto de cambios en la forma de relevar los ingresos, mientras que otros consideran que el incremento es genuino.
El cruce de datos y metodologías deja en evidencia un escenario complejo, donde la evolución de salarios y empleo muestra señales mixtas, atravesadas por la caída del poder adquisitivo, el avance de la informalidad y las discusiones técnicas sobre cómo medir esos fenómenos.

