Mientras la inflación acumulada del primer trimestre supera el 9%, los acuerdos salariales de mayo confirman una tendencia que se viene consolidando en lo que va del año: subas moderadas, en general entre el 1% y el 3%, que en la mayoría de los casos no logran recomponer el poder adquisitivo.

La dinámica de las paritarias muestra un escenario heterogéneo, con diferencias marcadas entre sectores, pero con un denominador común: los incrementos corren por detrás o apenas empatan la evolución de los precios. A esto se suma un esquema de negociación cada vez más desindexado, con acuerdos que parten de bases salariales deprimidas y que llegan tarde respecto del impacto inflacionario.

En ese marco, algunos gremios incorporan bonos o sumas fijas como mecanismo de compensación, aunque con efecto limitado. Es el caso de sanidad, que suma un bono de $90.000, o comercio y transporte, donde los acuerdos incluyen pagos extraordinarios que no modifican de fondo la estructura salarial.

Entre los aumentos confirmados, el personal de casas particulares tendrá una suba del 1,8%, mientras que sectores como construcción, camioneros y alimentación se ubican en rangos similares, con incrementos que rondan entre el 1,8% y el 1,9%. En el sector estatal, las actualizaciones también se mantienen acotadas, con subas escalonadas que en algunos casos no superan el 2%.

En contraste, algunos rubros específicos muestran mejores números nominales, como farmacéuticos y bioquímicos o petroleros, aunque se trata de sectores con salarios históricamente más altos y con dinámicas propias.

Distintos informes advierten que el problema no es solo el nivel de los aumentos, sino también la calidad del empleo. En paralelo a la desaceleración inflacionaria, crece el peso del trabajo informal y del cuentapropismo, lo que impacta en la masa total de ingresos y en la estabilidad del mercado laboral.

En ese contexto, los bajos salarios se consolidan como una de las principales preocupaciones sociales. La recuperación, por ahora, aparece condicionada por un escenario económico que combina desaceleración de precios con actividad débil y menor capacidad de negociación de los trabajadores.

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