El Consejo Superior aprobó incorporar como referencia institucional las recomendaciones del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN). El documento propone pautas para aplicar estas herramientas en la docencia, la investigación y la gestión, con énfasis en la supervisión humana, la transparencia y la protección de datos.
La Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) incorporó un marco de referencia para orientar el uso de la inteligencia artificial (IA) en sus actividades académicas y administrativas. La decisión fue aprobada este martes por el Consejo Superior, a partir de una iniciativa impulsada por la Secretaría de Planeamiento y Relaciones Institucionales y tratada por la Comisión de Enseñanza y Planeamiento.
La resolución adopta el documento Recomendación sobre el uso responsable de la inteligencia artificial (IA), elaborado por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y aprobado mediante la Resolución CE Nº 2003/26. La medida establece lineamientos para las iniciativas que incorporen estas tecnologías dentro de la casa de estudios.
El texto no funciona como un reglamento obligatorio de aplicación uniforme, sino como una guía que cada universidad puede adaptar a sus características y necesidades. En el caso de la UNRC, el Consejo Superior dispuso que las recomendaciones sirvan de orientación para los proyectos vinculados con IA y que las futuras normas e iniciativas institucionales sobre la materia se encuadren en ese documento.
Además, la resolución prevé acciones de divulgación, formación y alfabetización digital destinadas a la comunidad universitaria, con el objetivo de promover un uso crítico, seguro y responsable de estas herramientas.
Qué establece el documento sobre inteligencia artificial
Las recomendaciones del CIN abarcan tres funciones centrales de las universidades nacionales: la gestión, la investigación y la docencia. El punto de partida es que la inteligencia artificial puede facilitar tareas y mejorar procesos, pero su incorporación debe contemplar la responsabilidad de quienes la utilizan y los posibles efectos sobre las personas.
Uno de los principios centrales es la supervisión humana de las decisiones. El documento sostiene que las herramientas de IA deben funcionar como apoyo y no reemplazar la intervención de las personas en determinaciones académicas, administrativas o evaluativas que puedan afectar derechos.
También plantea que los usuarios son responsables de los resultados que producen con asistencia tecnológica. Por eso, recomienda que los contenidos generados puedan ser revisados y justificados por quienes los presentan, además de declarar el uso de IA cuando resulte relevante para comprender o evaluar una producción.
Otro eje es la protección de la información. El CIN advierte sobre los riesgos de ingresar datos personales, historiales académicos, información médica o resultados de investigaciones en plataformas cuyas condiciones no garanticen su resguardo. La precaución cobra especial importancia en servicios comerciales gratuitos o de acceso público.
El documento también incorpora criterios de integridad académica, equidad y soberanía tecnológica. Entre otros aspectos, sostiene que los trabajos científicos y educativos requieren autoría y comprensión humanas, y propone evaluar si la incorporación de estas herramientas puede profundizar las desigualdades de acceso al conocimiento.
Cómo se aplicarán las recomendaciones en la docencia y la investigación
En el ámbito educativo, el documento propone integrar la IA a las prácticas de enseñanza sin perder de vista los objetivos formativos. Entre sus posibles aplicaciones menciona la preparación de materiales, el diseño de actividades, la adaptación de contenidos, la orientación inicial a estudiantes y el apoyo a las tareas de corrección.
Para los equipos docentes, recomienda establecer desde el comienzo de cada cursado qué usos están permitidos, cuáles requieren una declaración explícita y cuáles se desaconsejan. También plantea revisar las consignas y los sistemas de evaluación para que permitan reconocer los aprendizajes efectivamente desarrollados por los estudiantes.
En esa línea, el CIN propone evitar tanto las prohibiciones generalizadas como la aceptación sin cuestionamientos. Entre las alternativas para evaluar los conocimientos aparecen las instancias orales, la defensa de trabajos escritos, las producciones vinculadas con situaciones concretas de la cursada y el seguimiento de los procesos de aprendizaje.
Para los estudiantes, las pautas incluyen verificar la información obtenida mediante IA, respetar los criterios de cada asignatura y transparentar su utilización cuando corresponda. También se advierte sobre la posibilidad de que estas herramientas generen datos o referencias inexistentes.
En investigación, las aplicaciones potenciales comprenden la búsqueda bibliográfica, el análisis de grandes volúmenes de datos, la asistencia en programación científica y la revisión de textos. Sin embargo, su utilización debe preservar la integridad académica, la posibilidad de reproducir los procedimientos y la confidencialidad de la información.
La gestión universitaria también tendrá pautas para incorporar IA
Las recomendaciones contemplan, además, el uso de inteligencia artificial en tareas administrativas, presupuestarias, de planificación, comunicación institucional y atención de consultas frecuentes.
El documento considera que estas tecnologías pueden contribuir a elaborar borradores, analizar información cuantitativa, traducir comunicaciones y facilitar el acceso a procedimientos universitarios. Para ello, aconseja mantener controles humanos, documentar los procesos cuando sea necesario y establecer responsables de validar los resultados.
En particular, los registros académicos —como legajos, calificaciones, certificaciones y títulos— requieren precauciones adicionales por sus consecuencias sobre las trayectorias de los integrantes de la comunidad universitaria. La recomendación es limitar la intervención de la IA a tareas auxiliares y mantener bajo gestión humana directa las operaciones que modifiquen datos académicos sustantivos.
Finalmente, el CIN plantea que las pautas deberán actualizarse periódicamente, debido a la evolución acelerada de estas tecnologías. El documento sugiere revisar los marcos institucionales al menos una vez al año, de modo que las universidades puedan ajustar sus criterios frente a nuevos desarrollos y desafíos.
