Aunque la inflación desacelera y el crédito vuelve a expandirse, bancos y fintech advierten que las familias aún enfrentan dificultades para cumplir con el pago de préstamos y tarjetas.

La estabilización de las principales variables macroeconómicas todavía no logra traducirse plenamente en la economía cotidiana. Mientras la inflación continúa desacelerándose, el mercado cambiario se mantiene estable y el crédito vuelve a crecer, el sistema financiero sigue monitoreando un problema que persiste: los elevados niveles de morosidad en préstamos personales y tarjetas de crédito.

Según coinciden distintas entidades financieras, el deterioro registrado durante 2025 comenzó a moderarse, aunque los atrasos en los pagos continúan en niveles históricamente altos, especialmente entre los créditos destinados al consumo.

El crédito impulsa la actividad, pero aumenta el riesgo

Durante el último año, la recuperación del financiamiento se convirtió en uno de los motores de la actividad económica. Sin embargo, gran parte de esa expansión estuvo vinculada al consumo de los hogares, en un contexto en el que los ingresos reales todavía no terminan de recomponerse.

Los especialistas sostienen que muchas familias recurrieron al crédito para sostener gastos cotidianos, una situación que derivó en un incremento de la irregularidad de las carteras y obligó a bancos y empresas fintech a reforzar sus estrategias de administración del riesgo.

En ese sentido, remarcan que la economía atraviesa una etapa de transición: mientras los indicadores macroeconómicos muestran señales de normalización, los balances familiares aún reflejan el impacto de meses de altas tasas de interés, pérdida del poder adquisitivo y mayores costos de vida.

Qué esperan los bancos

En el sector financiero consideran que el pico de la morosidad podría haber quedado atrás. La baja gradual de las tasas de interés, el crecimiento del crédito nuevo y las distintas alternativas de refinanciación comenzaron a mostrar resultados alentadores, aunque todavía insuficientes para hablar de una recuperación consolidada.

Por ese motivo, las entidades continúan aplicando esquemas de seguimiento personalizado y ofreciendo planes de refinanciación para evitar que los atrasos se transformen en deudas incobrables, buscando preservar la calidad de sus carteras sin restringir el acceso al financiamiento.

Un indicador clave para el segundo semestre

Los analistas coinciden en que la evolución de la morosidad será uno de los principales indicadores a seguir durante la segunda mitad del año.

Si la recuperación del salario real y de la actividad económica logra consolidarse, el incumplimiento en los pagos podría comenzar a descender de manera sostenida. En cambio, si esa mejora no llega al bolsillo de los consumidores, la economía continuará mostrando una paradoja: una macroeconomía más ordenada conviviendo con hogares que todavía tienen dificultades para afrontar sus compromisos financieros.

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