El ningunismo político alcanzó su nivel más alto desde 2023, mientras el 63% declara poco o ningún interés por la política. El fenómeno atraviesa edades y sectores sociales.

El ningunismo político se consolidó como uno de los principales fenómenos de la sociedad argentina en 2026. Según el primer informe de Creencias Sociales 2026, el 42% de las personas relevadas afirma no simpatizar ni sentirse identificada con ningún partido o espacio político, el porcentaje más alto registrado desde el inicio de la serie en 2023.

El dato, aportado por Pulsar.UBA (observatorio de la Universidad de Buenos Aires especializado en el estudio de la opinión pública). se combina con un fuerte crecimiento del desinterés por la política. El 63% de los argentinos asegura estar poco o nada interesado en la actividad política, mientras que apenas el 37% manifiesta mucho o bastante interés. En comparación con 2025, el desinterés aumentó 18 puntos porcentuales.

La evolución muestra un cambio significativo respecto de los años anteriores. El grupo que no se identifica con ningún espacio representaba el 37% en 2023, descendió al 25% en 2024 y volvió a crecer hasta el 35% en 2025. En 2026 alcanzó el 42%.

Un fenómeno que atraviesa a toda la sociedad

El informe plantea que el crecimiento del ningunismo no puede explicarse únicamente por el retroceso de una fuerza política determinada. La falta de identificación atraviesa a mujeres y varones, diferentes grupos de edad y distintos niveles educativos.

Los llamados “ningunistas” también presentan una ubicación ideológica cercana al centro. En una escala de 1 a 10, donde 1 representa la izquierda y 10 la derecha, el promedio de la sociedad argentina es de 5,3. Entre quienes no se identifican con ningún espacio, el promedio desciende a 5,1.

La diferencia es mayor cuando se observan los principales espacios políticos: quienes se identifican con el peronismo se ubican en promedio en 3,8; los simpatizantes de Juntos por el Cambio, en 6,7; y los de La Libertad Avanza, en 7,5.

El estudio interpreta que el centro puede funcionar, en parte, como un “no lugar” para quienes buscan tomar distancia de las etiquetas y divisiones políticas. La falta de pertenencia, de acuerdo con el informe, no necesariamente implica ausencia de opiniones o posiciones sobre los temas públicos.

La política pierde peso en los vínculos personales

El distanciamiento también aparece en la forma en que los argentinos relacionan política y vida cotidiana. El 70% afirma que podría estar en pareja con una persona que tuviera ideas políticas opuestas a las propias.

Además, el 82% está poco o nada de acuerdo con la idea de que se pueda determinar si alguien es una persona buena o mala a partir de sus opiniones políticas. Ese indicador aumentó 11 puntos desde 2023.

Al mismo tiempo, existe un elevado nivel de desconfianza interpersonal: el 71% considera que no se puede confiar en la mayoría de las personas. El informe identifica así una aparente contradicción entre la desconfianza general hacia los demás y una mayor disposición a convivir con personas que tienen opiniones políticas diferentes.

La tolerancia tampoco es uniforme. El rechazo a compartir la vecindad es del 16% en el caso de personas homosexuales y también del 16% respecto de inmigrantes. Se eleva al 19% frente a personas de otra religión y al 26% ante simpatizantes de otro partido político.

En cambio, alcanza al 43% cuando se trata de personas que estuvieron en prisión y al 49% respecto de quienes consumen drogas.

Una moralidad marcada por el tipo de conducta

El informe también analizó la aceptación de distintas transgresiones y encontró diferentes niveles de tolerancia. El 56% acepta, en algún grado, la compra de productos de marcas falsificadas, mientras que el 51% mantiene una posición similar frente al consumo de películas o series mediante plataformas piratas.

La tolerancia disminuye ante otras prácticas. El 30% acepta apostar en línea o en casinos y el 28% considera aceptable copiarse en un examen.

En el extremo contrario, el 91% considera nada aceptable intercambiar el voto por dinero, mercadería o favores. También existe un fuerte rechazo a la infidelidad, con un 86%; cruzar un semáforo en rojo, con un 84%; ofrecer dinero a un policía o empleado para evitar una multa o acelerar un trámite, con un 83%; y revisar el teléfono de la pareja sin permiso o consumir drogas, ambas con un 82%.

A partir de estas respuestas, el estudio identifica tres perfiles. El grupo mayoritario, equivalente al 54%, está compuesto por los “rigoristas”, que rechazan de manera uniforme las conductas analizadas. Otro 34% corresponde a los “permisivos de mercado”, con mayor tolerancia hacia prácticas vinculadas al consumo informal. El 12% restante integra a los “permisivos ampliados”, que muestran niveles superiores de aceptación frente a distintas transgresiones.

Menos participación y menos espacios de pertenencia

El debilitamiento de las identidades políticas aparece acompañado por una baja participación en organizaciones sociales y comunitarias.

Ninguno de los espacios relevados supera el 16% de participación. Las organizaciones religiosas alcanzan ese porcentaje, seguidas por clubes y grupos deportivos, con el 15%, y organizaciones de ayuda social, con el 14%.

La participación baja al 9% entre grupos ambientalistas o vinculados con la protección animal. En el caso de agrupaciones políticas o de militancia barrial llega apenas al 5%, mientras que la participación en sindicatos o gremios se ubica en el 4%.

Los resultados configuran, según el informe, una sociedad que conserva opiniones, valores y criterios morales, pero que se encuentra cada vez más alejada de las organizaciones tradicionales capaces de transformar esas posiciones individuales en experiencias colectivas.

El crecimiento del ningunismo político, en este sentido, no describe necesariamente una sociedad sin opiniones, sino una sociedad con pertenencias políticas y sociales más débiles y con una relación cada vez más distante con las estructuras que históricamente organizaron la participación colectiva.

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