A más de una década de su muerte, la figura del científico argentino Andrés Carrasco volvió a ocupar un lugar central en Río Cuarto. La Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de la Universidad Nacional de Río Cuarto realizó una jornada en su homenaje, en el marco del Día de la Ciencia Digna, una fecha que recuerda el nacimiento del investigador y que invita a reflexionar sobre el papel de la ciencia frente a los desafíos sociales y ambientales.
La actividad reunió a estudiantes, docentes, investigadores, organizaciones sociales y público en general en una serie de propuestas que combinaron cine documental, debate y expresiones artísticas. Pero más allá del homenaje, el encuentro volvió a poner sobre la mesa preguntas que siguen vigentes: ¿para quién se produce el conocimiento científico?, ¿qué intereses orientan la investigación?, ¿qué responsabilidad tienen las universidades frente a los conflictos ambientales?
Carrasco fue médico, investigador y expresidente del CONICET. Alcanzó notoriedad internacional por sus estudios sobre los efectos de los agroquímicos en la salud y el ambiente, investigaciones que lo ubicaron en el centro de intensas controversias políticas, económicas y académicas. Sin embargo, quienes compartieron su trayectoria destacan que su principal legado fue haber impulsado una visión de la ciencia comprometida con las necesidades de las comunidades.
Durante la apertura de la jornada, el decano de Exactas, Germán Barros, sostuvo que el concepto de Ciencia Digna mantiene plena actualidad en un contexto marcado por las discusiones sobre modelos productivos, sustentabilidad y desarrollo.
“Tenemos que preguntarnos permanentemente ciencia para quién y para qué”, expresó, al reivindicar una producción científica orientada al bienestar social y no subordinada exclusivamente a intereses económicos.

Documentales para pensar el ambiente
Uno de los momentos centrales fue la proyección del documental Andrés Carrasco. Ciencia disruptiva, dirigido por Valeria Tucci, que reconstruye la trayectoria del investigador y las dificultades que enfrentó tras difundir los resultados de sus estudios sobre glifosato.
También se presentó Agua subterránea: ¿ojos que no ven, corazón que no siente?, producción audiovisual realizada por la geóloga Verónica Lutri, docente de la UNRC, que aborda problemáticas vinculadas a la calidad del agua y los desafíos ambientales que atraviesan distintas regiones del país.
Las proyecciones dieron paso a un espacio de intercambio con estudiantes secundarios, investigadores y referentes universitarios.
El recuerdo de Alicia Massarini
Entre los participantes estuvo Alicia Massarini, bióloga, investigadora y compañera de vida de Carrasco, quien recordó tanto la dimensión humana como el compromiso ético del científico.
“Era una persona sensible, profundamente comprometida con el dolor ajeno. Hacía todo desde el corazón”, afirmó.
Massarini destacó además que las investigaciones sobre impactos de agroquímicos continúan desarrollándose en distintas universidades del país y valoró especialmente los aportes realizados por equipos de investigación de Río Cuarto.
Para la investigadora, la idea de Ciencia Digna sigue interpelando a nuevas generaciones de científicos y acompañando las demandas de comunidades que buscan respuestas frente a problemáticas ambientales y sanitarias.

Un vínculo especial con Río Cuarto
La jornada también permitió recuperar una faceta menos conocida de Carrasco: su estrecha relación con la Universidad Nacional de Río Cuarto.
Según recordó Massarini, el investigador colaboró durante años con equipos científicos de la UNRC y encontró en la institución un ámbito de respaldo y reflexión crítica en momentos particularmente difíciles de su trayectoria pública.
Ese vínculo quedó plasmado en una decisión cargada de simbolismo. Sus cenizas descansan en la Reserva Urbana Bosque Autóctono El Espinal, un espacio que forma parte del patrimonio ambiental de la universidad y que el propio Carrasco eligió como lugar de descanso final.

Los jóvenes y las preguntas del futuro
Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue la participación de estudiantes del IPEM N.º 29 Felipe Galizia, quienes plantearon interrogantes vinculados a la producción de alimentos, el uso de agroquímicos y las posibilidades de construir modelos más sustentables.
Las preguntas de los jóvenes reflejaron preocupaciones presentes en muchos sectores de la sociedad. ¿Por qué determinadas prácticas continúan desarrollándose aun cuando existen evidencias sobre sus impactos ambientales? ¿Qué alternativas son posibles?
La presencia de los estudiantes tuvo un significado especial porque la institución educativa proyecta una orientación en horticultura y el desarrollo de una huerta orgánica. Además, muchos de ellos viven o trabajan junto a sus familias en el cinturón verde de Río Cuarto, donde las discusiones sobre producción y ambiente forman parte de la vida cotidiana.
Un homenaje cargado de simbolismo
La actividad concluyó en la Reserva Urbana Bosque Autóctono El Espinal con una intervención artística del geólogo y artista Marcelo Fabiano, quien realizó una lectura poética centrada en la conservación ambiental y los desafíos ecológicos contemporáneos.
El cierre tuvo lugar precisamente en el sitio donde descansan las cenizas de Carrasco. Allí, entre árboles nativos y junto a integrantes de la comunidad universitaria, el homenaje adquirió una dimensión que trascendió la evocación personal para transformarse en una invitación colectiva a seguir discutiendo el papel de la ciencia en la construcción de sociedades más justas y sustentables.
Más de diez años después de su fallecimiento, las preguntas que impulsó Andrés Carrasco continúan abiertas. Y, al menos por una jornada, volvieron a resonar con fuerza en Río Cuarto.





