El IPC del primer trimestre quedó al borde del objetivo oficial y refuerza dudas sobre la desaceleración.

La dinámica de precios volvió a encender señales de alerta en la Argentina. En apenas tres meses, la inflación acumuló 9,4%, prácticamente el mismo nivel que el Gobierno había fijado como meta para todo 2026 en el Presupuesto (10,1%), dejando al objetivo oficial virtualmente sin margen.

El dato de marzo, difundido por el INDEC, confirmó ese escenario: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) avanzó 3,4% y superó nuevamente el umbral del 3%, consolidando una racha prolongada sin señales claras de desaceleración. En términos interanuales, la suba de precios ya alcanza el 32,6%.

Detrás del índice general, el comportamiento de la inflación núcleo —que excluye componentes estacionales y regulados— se convirtió en el principal foco de preocupación. En marzo se ubicó en 3,2%, con una aceleración respecto del mes previo, lo que evidencia una persistente inercia inflacionaria y un freno en el proceso de desinflación.

El impacto de tarifas, educación y transporte explicó buena parte de la suba mensual, en un contexto atravesado por la estacionalidad del inicio de clases y el encarecimiento del petróleo a nivel global. Estos factores presionaron sobre distintos costos de la economía y se trasladaron a precios finales.

El presidente Javier Milei reconoció que el dato “no es bueno”, aunque atribuyó la aceleración a factores transitorios y sostuvo que la inflación retomará una trayectoria descendente en los próximos meses. En esa línea, ratificó que no habrá cambios en la política económica.

Sin embargo, las expectativas del mercado muestran mayor cautela. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central ya proyecta una inflación cercana al 30% para 2026, muy por encima de la pauta oficial, mientras que algunas consultoras privadas anticipan que el índice podría incluso superar los niveles de 2025.

En este contexto, los analistas advierten que la resistencia de la inflación núcleo y el mayor peso de los servicios dentro de la canasta dificultan una desaceleración más rápida. El resultado del primer trimestre no solo deja a la meta oficial prácticamente agotada, sino que también reabre interrogantes sobre la velocidad real a la que podría bajar la inflación en los próximos meses.

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