En una editorial, la entidad destacó el gran momento productivo del agro, pero advirtió que sin reformas estructurales el crecimiento no se traducirá en desarrollo sostenido.

En un contexto de números récord para el sector agroindustrial, la Sociedad Rural de Río Cuarto planteó una advertencia de fondo: el impulso del campo, por sí solo, no será suficiente para resolver los problemas estructurales de la Argentina.

La entidad repasó el presente del agro con indicadores positivos en casi todos los frentes. La última campaña triguera alcanzó niveles históricos, mientras que la cosecha gruesa logró recomponerse tras algunas dudas iniciales y se encamina a resultados favorables. A esto se suman exportaciones agroindustriales en alza, con declaraciones juradas de ventas externas que marcaron picos históricos en maíz y un crecimiento interanual significativo en el volumen total del complejo.

El buen momento no se limita a los cultivos tradicionales. También se destacan subas en la actividad foresto-industrial, el crecimiento sostenido de las exportaciones orgánicas y señales positivas en lechería y ganadería, donde comienzan a revertirse tendencias negativas en el stock.

Sin embargo, desde la Rural advierten que este escenario favorable convive con un país que no logra resolver sus desequilibrios de fondo. “El empuje del campo no es remedio suficiente para todos los males”, sintetiza el eje de la editorial, en la que se remarca que existen amplios sectores productivos que aún esperan condiciones para poder despegar.

En ese sentido, se señala que buena parte de la industria continúa a la espera de reformas que le permitan competir en un contexto global más exigente. Otros rubros, como la construcción, necesitan definiciones claras sobre el rumbo económico, mientras que ámbitos clave para el desarrollo a largo plazo, como la educación superior, la ciencia y la investigación, siguen sin señales concretas.

El documento también reconoce avances en materia macroeconómica por parte del Gobierno nacional, particularmente en el ordenamiento de variables y la reducción del peso del Estado. No obstante, plantea que esa primera etapa debe dar paso a una segunda fase orientada a mejorar las condiciones de vida de la población.

La Rural introduce así una mirada que excede al propio sector: la necesidad de que el crecimiento económico se traduzca en desarrollo integral. En esa línea, advierte sobre la persistencia de una tendencia de deterioro que atraviesa distintos períodos de gobierno y plantea como desafío central revertir esa dinámica.

Aunque reconoce que el país cuenta con condiciones para salir de ese ciclo, la entidad remarca que no se trata de un proceso inmediato y que implicará costos. El planteo final apunta a la responsabilidad de la dirigencia en administrar esa transición, buscando que el impacto sea el menor posible y que el crecimiento deje de ser un fenómeno sectorial para convertirse en una mejora generalizada.

¡Viralizalo!