El físico e historiador de la ciencia Diego Hurtado disertó en la UNRC, en el marco de las Jornadas de reflexión y debate en torno a ciencia, tecnología y disputas tecnodigitales, organizadas por las Facultades de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales y de Ingeniería de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC).
El físico e historiador de la ciencia Diego Hurtado, investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del CONICET, sostuvo que la inteligencia artificial está impulsada principalmente por la acumulación de capital y no por las decisiones individuales de los empresarios tecnológicos.
La actividad comenzó con el curso “Del mecanicismo newtoniano a las redes neuronales: Información, trabajo y valorización”, en el que Hurtado propuso un recorrido histórico para analizar cómo se relacionan la ciencia, el desarrollo tecnológico, la organización del trabajo y los intereses económicos.
Durante su exposición, el investigador planteó que las tecnologías no avanzan de manera aislada ni responden a un destino inevitable. Por el contrario, su desarrollo está atravesado por disputas económicas, sociales y políticas que condicionan tanto sus aplicaciones como sus consecuencias.
Una genealogía de la inteligencia artificial
Hurtado explicó que su enfoque parte de la genealogía, un método asociado al filósofo Michel Foucault que busca comprender los problemas del presente mediante el análisis de sus antecedentes históricos. Desde esa perspectiva, cuestionó la idea de que los avances tecnológicos sean el resultado de una evolución lineal e inevitable.
El investigador identificó un proceso de reducción mecanicista iniciado en el siglo XVII, cuando la ciencia moderna comenzó a privilegiar explicaciones basadas en fenómenos cuantificables, regulares y predecibles. Según su análisis, esa forma de producir conocimiento se extendió progresivamente desde el estudio de la naturaleza hacia la biología, la sociedad y el propio ser humano.
En ese recorrido, recuperó aportes del historiador de la ciencia Thomas Kuhn y del historiador soviético Boris Hessen, quien en 1931 analizó las relaciones entre la obra de Isaac Newton y las condiciones socioeconómicas de su época.
Para Hurtado, esta historia permite entender que los criterios científicos y las tecnologías también deben analizarse en relación con las condiciones sociales y económicas en las que se desarrollan.



De la mecanización industrial a la automatización del conocimiento
Uno de los ejes de la exposición fue el impacto de la mecanización sobre el mundo del trabajo. Hurtado sostuvo que la división de los procesos productivos en operaciones simples y repetitivas facilitó la incorporación de máquinas y modificó el papel de los trabajadores dentro de la industria.
En ese proceso, explicó, los conocimientos y las habilidades que antes concentraba el obrero pudieron ser descompuestos en tareas específicas y trasladados a sistemas mecánicos. Desde su perspectiva, esa transformación fortaleció una relación en la que la ciencia y la tecnología se articulan con los intereses del capital.
El investigador aclaró que su planteo no supone una posición contraria a la ciencia, sino una lectura histórica de los vínculos entre el conocimiento científico, el desarrollo tecnológico y la economía.
La información como recurso económico
Hurtado extendió ese análisis al desarrollo de la informática y las tecnologías digitales. Como antecedentes, mencionó los trabajos de Claude Shannon, quien en 1948 formuló una teoría matemática de la comunicación, y de Norbert Wiener, autor de Cibernética, publicada ese mismo año.
Estos desarrollos permitieron abordar la información mediante modelos matemáticos y estudiar los procesos de comunicación y control en máquinas y seres vivos. Décadas después, esas ideas se vincularon con la expansión de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la digitalización y la automatización de tareas.
Según el planteo del investigador, la posibilidad de representar información mediante operaciones formalizables abrió el camino para que los sistemas informáticos asumieran actividades que requieren procesamiento de datos y conocimientos.
En ese marco, la información dejó de funcionar solamente como un medio de comunicación y adquirió un papel central en la producción de valor económico, la organización del trabajo y el control de procesos.
¿Quién conduce la inteligencia artificial?
Al vincular ese recorrido con la actualidad, Hurtado señaló que la inteligencia artificial y la transición energética aparecen como dos dimensiones relevantes de una nueva etapa de transformación tecnológica. También advirtió sobre el consumo energético asociado al desarrollo y funcionamiento de los sistemas de IA.
El investigador cuestionó que los principales empresarios tecnológicos sean quienes determinen, por sí solos, el rumbo de estas transformaciones. Aunque sus decisiones tienen incidencia, sostuvo que la competencia por desarrollar nuevas tecnologías y obtener mayores ganancias responde a una dinámica económica más amplia.
“La inteligencia artificial no la conducen los tecnomagnates, la conduce la acumulación de capital”, sintetizó en el título que atravesó su exposición.
Desde esa perspectiva, también analizó la idea de “capital humano” y la tendencia a considerar a las personas en función de su capacidad para producir valor mediante el trabajo y realizarlo a través del consumo. Para profundizar esa discusión, recuperó el texto Post-scriptum sobre las sociedades de control (1990), del filósofo Gilles Deleuze.
Hurtado planteó, además, que una parte importante del conocimiento tecnológico producido desde la década de 1970 se encuentra bajo propiedad privada y sujeto a mecanismos de protección. En ese escenario, identificó una disputa por la hegemonía tecnológica entre Estados Unidos y China, a la que caracterizó como una confrontación entre una potencia en declive y otra emergente.
Ciencia y tecnología para un proyecto nacional
Las jornadas continuaron por la tarde con el taller de discusión “Políticas de ciencia, tecnología y desarrollo para un proyecto nacional”, realizado entre las 14 y las 18. La propuesta reunió a especialistas para debatir los desafíos de la política científica y tecnológica en Argentina.
Hurtado abordó la situación actual del sistema científico-tecnológico y las posibilidades materiales de reconstruirlo en función de un proyecto de país. Su intervención puso el foco en la necesidad de analizar las capacidades tecnológicas nacionales en relación con las disputas económicas y geopolíticas globales.
Por su parte, Aldana D’Andrea, de la UNRC, expuso sobre los vínculos entre feminismo y tecnología digital, mientras que Aimé Aminahuel, con pertenencia institucional a la UNRC, la UNC y la UNVM, abordó la gobernanza de las plataformas digitales y los desarrollos tecnológicos asociados a la inteligencia digital.
La actividad se enmarcó en una propuesta impulsada por las Facultades de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales y de Ingeniería de la UNRC para promover la reflexión sobre los cambios tecnológicos y sus implicancias sociales, económicas y políticas.
El debate planteado por Hurtado dejó una pregunta de fondo para el sistema científico argentino: cómo desarrollar capacidades propias en un escenario internacional en el que la inteligencia artificial, la información y la energía adquieren un peso creciente en la disputa por el poder económico y tecnológico.
