El consumo privado muestra niveles elevados, aunque las ventas de productos de primera necesidad continúan en retroceso. Menores ingresos, endeudamiento y cambios en los hábitos obligan a los hogares a priorizar gastos y buscar promociones. Especialistas advierten que esta dinámica también impacta sobre el humor social.

El consumo en Argentina presenta una marcada diferencia entre el volumen general del gasto de los hogares y la evolución de las compras cotidianas. Mientras el consumo privado se mantiene en niveles récord, la venta de productos de consumo masivo continúa por debajo de los registros de años anteriores, en una señal de la presión que todavía soportan los ingresos familiares.

Los datos fueron analizados durante el CtB Summit, organizado por la Cámara de Empresas de Investigación Social y de Mercado (CEIM), donde especialistas analizaron los cambios en los hábitos de compra y su impacto económico y social.

Según información de Scentia, el consumo privado alcanza unos US$500.000 millones y se distribuye entre bienes y servicios. Dentro de ese universo, el consumo masivo representa alrededor de US$33.500 millones, equivalente al 7% del consumo privado y al 5% del Producto Bruto Interno (PBI).

Las ventas de consumo masivo siguen en retroceso

El comportamiento de las compras cotidianas muestra una realidad diferente a la que refleja el consumo privado agregado. Durante junio, el consumo masivo cayó 2,7% interanual en volumen y se ubicó 17% por debajo del nivel de enero de 2023.

El único canal que presentó un crecimiento significativo fue el digital, con una expansión del 41%. Sin embargo, su participación todavía es reducida: representa apenas alrededor del 3% del volumen total del consumo masivo.

Para Osvaldo del Río, titular de Scentia, esta evolución tiene además una dimensión política y social. “El consumo masivo es lo más sensible, es lo que más cambia el humor social de las personas y hay que considerarlo en un período electoral”, señaló durante el encuentro.

El especialista comparó la situación con el proceso atravesado durante el gobierno de Mauricio Macri y advirtió que una eventual recuperación tardía puede tener consecuencias políticas.

El bolsillo todavía no siente plenamente la mejora de la macroeconomía

La desaceleración de la inflación modificó una de las principales preocupaciones de los consumidores, pero no logró generar todavía una recuperación sostenida de las compras de productos masivos.

El problema pasa ahora por la capacidad efectiva de los hogares para gastar. Las familias reducen cantidades, priorizan productos esenciales y analizan con mayor detenimiento cada compra. “La macro todo bien, pero ¿la micro cuándo llega?”, resumió uno de los especialistas durante la jornada.

Para Guillermo Oliveto, fundador y CEO de la consultora W, la contracción del consumo atraviesa a distintos sectores sociales. “La caída del consumo es un tema de todos”, sostuvo.

El especialista remarcó que incluso los hogares de mayores ingresos están modificando sus comportamientos, principalmente a partir de una reducción de los gastos vinculados al entretenimiento y del impacto de la situación económica sobre sus propias empresas.

Empleo, salarios y endeudamiento: las claves del deterioro

La situación del mercado laboral aparece como uno de los principales factores detrás de la debilidad del consumo. De acuerdo con datos de la consultora Aurelio, el trabajo y la actividad económica se encuentran entre las principales preocupaciones de los hogares.

A esto se suma la evolución de los salarios registrados. El ingreso promedio se encuentra 8,7% por debajo de noviembre de 2023. La pérdida es más pronunciada entre los empleados públicos, con una caída acumulada del 17,8%, mientras que entre los trabajadores privados registrados alcanza el 3,7%, según los datos citados durante el encuentro.

Otro indicador relevante es el ingreso disponible. De acuerdo con información de Ecolatina, se encuentra 38% por debajo del nivel de 2017.

La pérdida de capacidad de compra también llevó a una mayor utilización del crédito y al endeudamiento para afrontar gastos corrientes. Según Aurelio, el 59% de los consultados declaró tener deudas. Dentro de ese grupo, un 27% presenta una morosidad parcial y un 15% registra atrasos importantes.

Un consumidor más racional y selectivo

El cambio en el consumo no se limita a cuánto gastan las familias, sino también a cómo deciden qué comprar.

Los especialistas identificaron una modificación en el comportamiento: disminuyeron las compras impulsivas y aumentó la comparación de precios, la búsqueda de promociones y el reemplazo de marcas.

La lógica dominante pasó a ser la búsqueda de una mejor relación entre precio y calidad, antes que la elección automática de determinados productos.

Los datos de NielsenIQ reflejan esta transformación. El 54% de las categorías analizadas migró hacia formatos que requieren un menor desembolso por compra, mientras que las promociones explican alrededor del 34% de las ventas de consumo masivo.

También creció la utilización de marcas económicas y de canales alternativos, especialmente comercios de cercanía, como una forma de controlar el gasto y evitar compras adicionales.

La tendencia alcanza a distintos niveles de ingresos y muestra que el ajuste dejó de ser solamente una cuestión de cantidad para convertirse también en una estrategia de administración del presupuesto familiar.

Pocas categorías crecen y cambian las prioridades

Los datos de Kantar profundizan el diagnóstico. Apenas el 11% de las categorías de consumo masivo presenta una expansión, mientras que el 44% acumula una contracción tanto en la comparación anual como en el período trimestral más reciente.

Sin embargo, los especialistas plantearon que detrás de estas cifras también existe una transformación estructural.

Los hogares comenzaron a organizar sus decisiones menos alrededor de productos específicos y más en función de las necesidades que buscan resolver. En ese proceso ganan importancia las categorías relacionadas con bienestar, autocuidado y beneficios funcionales concretos.

De esta manera, el escenario combina dos realidades: por un lado, un nivel elevado del consumo privado; por otro, un consumidor cotidiano mucho más cuidadoso, que restringe cantidades, compara precios y redefine prioridades.

La evolución de las ventas masivas se convierte así en un indicador especialmente relevante para medir cuánto de la recuperación económica llega efectivamente al bolsillo y cómo esa percepción puede influir sobre el humor social en un año atravesado por la agenda electoral.

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