Tras más de 31 años de labor pastoral, el sacerdote recibió sepultura junto a la Basílica-Santuario de Nuestra Señora de la Consolata. Fue declarado Ciudadano Ilustre de Sampacho y dejó una profunda huella en varias generaciones de la comunidad.

La comunidad de Sampacho despidió al padre Miguel Hippermayer, quien falleció el 2 de octubre de 2026, a los 85 años. Luego de realizarse el responso, sus restos fueron sepultados en un espacio ubicado junto al veredón de la Basílica-Santuario de Nuestra Señora de la Consolata, el templo que marcó buena parte de su vida religiosa.

El sacerdote estuvo al frente de la parroquia durante más de 31 años, período en el que construyó un vínculo cercano con los vecinos. Su sencillez, su buen humor y sus chistes espontáneos se combinaron con una tarea pastoral centrada en transmitir las enseñanzas de la fe y fortalecer la devoción a la Virgen de la Consolata.

Su figura trascendió el ámbito religioso y se convirtió en una referencia para distintas generaciones de sampachenses. Ese reconocimiento quedó plasmado en una distinción excepcional: Hippermayer fue la única persona declarada Ciudadano Ilustre de Sampacho, según destacó el municipio al despedirlo.

El último descanso junto al Santuario de la Consolata

La sepultura del padre Miguel quedó emplazada a uno de los costados del veredón frente a la Basílica-Santuario, un lugar estrechamente ligado a su trayectoria pastoral y a la devoción mariana que promovió durante décadas. El hecho se dio en el marco de un respetuoso acto religioso del que formaron parte autoridades municipales, encabezadas por el intendente Franco Suárez, vecinos e integrantes de la comunidad católica.

De esta manera, sus restos descansarán junto a los de otros sacerdotes vinculados con la historia religiosa de Sampacho, entre ellos Juan Cinotto, Vicente Lozino, Fray Gabriel Boidi y Oscar Luque Llamosas. Lozino fue el primer sacerdote en arribar a la localidad, en 1875.

Desde la Municipalidad destacaron que el legado de Hippermayer permanecerá en la historia y en la memoria colectiva de la comunidad. Su despedida representa el cierre de una extensa etapa de servicio religioso, pero también el reconocimiento a un sacerdote que supo ganarse el afecto de los vecinos a través de la cercanía, la humildad y su permanente compromiso con la fe.

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