El especialista Gabriel Baum debatió en la UNRC sobre soberanía tecnológica, inteligencia artificial y la necesidad de desarrollar herramientas acordes a las necesidades del país.
La soberanía tecnológica y la necesidad de construir capacidades propias para decidir el rumbo del desarrollo digital fueron los ejes del conversatorio que brindó Gabriel Baum, especialista en informática y docente de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Durante su exposición en la UNRC, advirtió sobre la concentración del poder tecnológico y planteó que Argentina debe definir qué herramientas necesita y qué intereses orientan su desarrollo.
La actividad se realizó en el segundo día de las Jornadas de reflexión y debate en torno a ciencia, tecnología y disputas tecnodigitales, organizadas por las facultades de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales y de Ingeniería de la UNRC. El conversatorio, titulado “Soberanía Tecnológica y Tecnologías convenientes”, estuvo dirigido especialmente a estudiantes de las carreras de Computación y de Ingeniería en Telecomunicaciones.
Baum, quien también se desempeña como docente en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), propuso analizar las relaciones de poder que atraviesan la producción y la incorporación de tecnologías digitales. Su planteo puso el foco en la necesidad de fortalecer las capacidades científicas y técnicas nacionales para ampliar los márgenes de decisión del país.
Soberanía e independencia tecnológica
Uno de los conceptos centrales de la exposición fue la diferencia entre soberanía e independencia tecnológica. Mientras que la primera refiere a la posibilidad de decidir qué tecnologías utilizar y con qué objetivos, la segunda supone contar con las capacidades necesarias para diseñar, desarrollar y planificar herramientas propias.
En ese sentido, el especialista advirtió que utilizar plataformas extranjeras o alojar datos dentro del territorio nacional no garantiza autonomía por sí mismo. La cuestión, sostuvo, pasa por determinar quién controla las herramientas, quién define sus características y qué intereses intervienen en esas decisiones.
“Si no tenemos independencia económica y somos tecnológicamente dependientes, no vamos a poder decidir qué hacer en nuestro país”, afirmó Baum, al vincular la autonomía tecnológica con la soberanía política y la justicia social.
Tecnologías convenientes: responder a las necesidades nacionales
Otro de los ejes del conversatorio fue el concepto de tecnologías convenientes, una perspectiva que propone evaluar los desarrollos científicos y tecnológicos según su utilidad social, además de considerar su novedad, complejidad o potencial comercial.
Baum recuperó aportes de los pensadores argentinos Oscar Varsavsky y Edgardo Galli para plantear que la ciencia y la tecnología deben orientarse a las necesidades nacionales, la mejora de las condiciones de vida y el cuidado de la naturaleza.
Desde esa perspectiva, el desafío no consiste en reproducir automáticamente los avances de las principales potencias ni en incorporar cada innovación disponible. Se trata, en cambio, de identificar qué tecnologías necesita Argentina, cuáles puede desarrollar con sus propios recursos y cuáles conviene adoptar de acuerdo con sus objetivos.
La discusión adquiere relevancia en un escenario de aceleradas transformaciones digitales, en el que las decisiones tecnológicas inciden en la producción, el empleo, la formación profesional y la capacidad de establecer prioridades de desarrollo.

Inteligencia artificial y concentración del poder
La exposición también abordó las expectativas generadas por tecnologías como la inteligencia artificial generativa y la computación cuántica. Baum cuestionó la idea de que cada nuevo avance constituya una revolución que todos los países deban seguir necesariamente, sin evaluar sus necesidades y posibilidades.
Según su planteo, una parte importante de estos desarrollos se concentra en grandes empresas y países que disponen de amplios recursos económicos, científicos y tecnológicos. Esta situación puede profundizar la dependencia de quienes no cuentan con capacidades suficientes para comprender, adaptar o desarrollar alternativas propias.
En relación con la inteligencia artificial, el especialista propuso analizar sus usos, beneficios y limitaciones a partir de preguntas concretas: para qué se necesita una herramienta, a quién beneficia y qué capacidades requiere su implementación.
La discusión, en consecuencia, no se limita a las posibilidades técnicas de estas tecnologías. También involucra decisiones sobre infraestructura, formación de recursos humanos, investigación y desarrollo, así como sobre los objetivos sociales y productivos que deberían orientar su incorporación.
La tecnología no es neutral
Otro de los temas abordados fue la relación entre tecnología e ideología. Baum cuestionó la idea de que las herramientas tecnológicas sean neutrales y señaló que sus características también expresan las decisiones, perspectivas e intereses de quienes participan en su diseño y desarrollo.
En ese marco, introdujo la noción de colonización mental para referirse a la adopción de perspectivas que llevan a interpretar los problemas propios desde los parámetros e intereses de los actores dominantes. Frente a esa situación, destacó la importancia de construir una mirada crítica que permita formular preguntas y alternativas desde la realidad nacional.
Las transformaciones del mundo laboral vinculadas con las tecnologías digitales también formaron parte del debate. Los cambios en los procesos productivos y en las formas de organización del trabajo plantean interrogantes sobre las condiciones laborales, la formación profesional y las posibilidades de generar espacios propios de innovación.
Así, pensar el desarrollo tecnológico implica examinar no solo los resultados que producen las herramientas, sino también quiénes las diseñan, bajo qué condiciones y con qué propósitos.

Cooperación, solidaridad y bien común
En el tramo final, Baum destacó la importancia de recuperar valores como la solidaridad, la cooperación, la construcción comunitaria y el compromiso con las necesidades colectivas. Desde esta perspectiva, desarrollar capacidades tecnológicas nacionales también requiere discutir qué objetivos sociales deberían orientar ese proceso.
Entre las referencias vinculadas con estos debates aparece Laudato si’, la encíclica del papa Francisco sobre el cuidado de la casa común. El documento cuestiona el predominio de un paradigma tecnocrático y plantea que el progreso científico y tecnológico no garantiza, por sí solo, una mejora de las condiciones humanas y sociales.
Esta mirada amplía la discusión sobre la soberanía tecnológica: además de contar con conocimientos e infraestructura, resulta necesario definir qué necesidades deben priorizarse y cómo distribuir los beneficios del desarrollo.
La propuesta pone en cuestión un modelo en el que las decisiones quedan exclusivamente en manos de los sectores que concentran el poder económico y tecnológico. Como alternativa, plantea fortalecer la participación colectiva, el pensamiento crítico y una ciencia vinculada con los problemas de la sociedad.
El desafío de decidir el futuro tecnológico
A lo largo del conversatorio, Baum volvió sobre una pregunta central: quién decide el futuro tecnológico de un país y en función de qué intereses.
Para el especialista, la dependencia no es un destino inevitable. La construcción de capacidades propias requiere esfuerzos sostenidos y decisiones estratégicas, pero puede ampliar la autonomía de Argentina para definir sus prioridades científicas, productivas y sociales.
En ese camino, científicos, tecnólogos, docentes, estudiantes y futuros profesionales de la computación tienen un papel relevante en la discusión sobre qué desarrollos impulsar y qué necesidades deberían orientar la investigación y la innovación.
La actividad en la UNRC dejó planteada la importancia de fortalecer una agenda científica y tecnológica que articule conocimiento, producción, autonomía y bienestar social. El desafío no es solamente acceder a las tecnologías disponibles, sino también desarrollar la capacidad de decidir cuáles convienen y para qué sociedad se construyen.
