Un informe del Consejo Económico y Social de Río Cuarto revela que el consumo comienza entre los 12 y 17 años, expone alta prevalencia de alcohol y señala que el 47% no sabe dónde pedir ayuda.

El Consejo Económico y Social de Río Cuarto presentó este miércoles un detallado informe sobre consumos problemáticos que refleja la realidad de jóvenes y adultos en Río Cuarto y la región. El estudio, elaborado a partir de datos recolectados durante el último trimestre de 2025 y procesados recientemente, analiza el consumo de sustancias legales e ilegales, el uso de pantallas y diversos indicadores de salud mental.

Entre las conclusiones más relevantes, el trabajo advierte que el inicio del consumo se concentra cada vez más en edades tempranas —principalmente entre los 12 y 17 años— y expone una brecha clave: el 47% de las personas encuestadas no sabe a dónde acudir si necesitara asistencia o tratamiento.

Sergio Saleme, presidente del organismo, encabezó la presentación y expresó su preocupación por la edad de inicio. “Lo que más nos sorprende es la temprana edad en que se comienza con estas situaciones de adicciones. Arrancamos desde los 12 a los 17 años; en la adolescencia o preadolescencia empezamos con el tabaquismo, el alcohol y las drogas ilegales”, señaló.

Alcohol y tabaco: alta presencia en la vida social

El informe muestra que el 84,3% de la población encuestada declaró haber consumido alcohol alguna vez en su vida. El inicio se produce mayormente entre los 15 y 17 años (56%), aunque un 23% comenzó entre los 12 y 14.

Si bien el consumo actual se describe como asociado a eventos sociales, algunos indicadores sugieren riesgo: el 14,8% recibió sugerencias para reducirlo y el 28,4% tiene al menos un amigo o familiar con problemas vinculados al alcohol.

En cuanto al tabaco, el 44% fumó alguna vez. La edad de inicio también se concentra en la adolescencia. Cerca del 60% de quienes fuman consume más de 10 cigarrillos diarios y el 19,1% reconoció haber tenido dificultades laborales, sociales o familiares asociadas al hábito. Además, el 18,5% utilizó dispositivos electrónicos y, en el 61,5% de los casos, contenían nicotina.

Psicofármacos y sustancias ilegales

Respecto al consumo de ansiolíticos, tranquilizantes o antidepresivos, el 6,9% indicó hacerlo con receta médica y el 4,1% sin prescripción. A su vez, el 32% reconoció automedicarse en alguna medida.

Entre las sustancias ilegales, la marihuana es la más frecuente. La edad de inicio se concentra entre los 15 y 20 años. El 36% declaró tener dos o más amigos o familiares que consumen cannabis y el 12% señaló esa situación en relación con la cocaína, lo que evidencia la dimensión social del fenómeno.

Pantallas y malestar emocional

El estudio también aborda la dependencia a dispositivos digitales. El 40,2% pasa entre 3 y 5 horas diarias frente a pantallas y el 31,8% utiliza redes sociales durante ese mismo lapso. En contraste, el uso de videojuegos presenta valores menores.

En cuanto a salud mental, una proporción significativa manifestó malestar frecuente: 47% se siente “a veces” nerviosa o ansiosa, 40,9% triste o sin esperanza, 48% irritable o con cambios de humor, y alrededor del 37% reporta problemas de sueño, concentración o cansancio persistente.

Actualmente, el 20,8% se encuentra en atención psicológica y el 25,6% la realizó en el pasado. En psiquiatría, el 3,8% está en tratamiento y el 11,4% lo estuvo.

Un fenómeno con impacto social y sanitario

El informe incorpora la mirada de especialistas locales, quienes advierten un aumento del consumo problemático en la última década, una mayor naturalización social y la aparición de nuevas modalidades, como el denominado “pipazo”, caracterizado por su rápida generación de dependencia.

Las profesionales remarcan que el consumo problemático no puede analizarse de manera aislada, sino vinculado a factores como exclusión social, fragilidad de redes de contención y falta de proyectos de vida sostenibles. También alertan sobre la estigmatización como barrera para la búsqueda de ayuda.

Desde el Consejo concluyen que el fenómeno representa un desafío de salud pública que impacta en trayectorias educativas, laborales y en la calidad de vida de la comunidad. Entre las líneas de acción propuestas se destacan la prevención temprana y sostenida, el fortalecimiento de espacios deportivos y culturales como factores de protección, la mejora en la difusión de dispositivos de atención y la articulación de políticas integrales entre salud, educación y desarrollo social.

Los datos permiten dimensionar la problemática en Río Cuarto desde una perspectiva local y evidencian la necesidad de intervenciones sostenidas que acompañen a adolescentes y jóvenes antes de que el consumo derive en situaciones de mayor vulnerabilidad.

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