La presencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel en la Fiesta Nacional de la Chaya generó este sábado un fuerte impacto político y mediático. Mientras la TV Pública evitaba mencionarla o enfocarla durante la transmisión oficial, la titular del Senado terminó “robándose” la escena al mezclarse con la multitud y participar activamente del tradicional festejo riojano.
Cubierta de harina y con el clásico ramo de albahaca en la cabeza, Villarruel bailó junto al público, respetando el ritual característico de la celebración. La imagen contrastó con la reciente participación del presidente Javier Milei en el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesus Maria, donde el mandatario subió al escenario y cantó ante el público.
La decisión de la señal estatal de no darle protagonismo fue leída por sectores opositores como un intento de invisibilización. Algunos analistas recordaron prácticas de comunicación de etapas anteriores del kirchnerismo, cuando —según sostienen— la cobertura oficial priorizaba figuras alineadas con el poder central y marginaba a dirigentes enfrentados con la Casa Rosada.
Sin embargo, la estrategia no impidió que la presencia de Villarruel cobrara relevancia en redes sociales y medios locales, transformándose en un episodio con resonancia política.
Encuentro con Quintela
En paralelo, la vicepresidenta fue recibida en La Rioja por el gobernador Ricardo Quintela, uno de los mandatarios provinciales más críticos del Gobierno nacional. El gesto tuvo peso institucional, ya que Quintela había sido excluido de reuniones oficiales convocadas por la Nación, junto a Axel Kicillof, Gildo Insfrán y Gustavo Melella.
Al arribar, Villarruel fue acompañada por el mandatario provincial y por los senadores nacionales Florencia López y Fernando Rejal. Durante su contacto con medios locales, reafirmó un mensaje de impronta federal:
“Cada vez quedan menos provincias para dar la vuelta completa a la Argentina y el objeto es que sientan que pensamos en ustedes, que sepan que en Buenos Aires los tenemos presentes”.
Perfil propio
El episodio en La Rioja volvió a exponer diferencias metodológicas dentro del binomio presidencial. Mientras el Presidente mantiene un discurso confrontativo con gobernadores opositores, la vicepresidenta optó por una agenda territorial con gestos de cercanía institucional y popular.
Con su paso por la Chaya, Villarruel consolidó un perfil político que se mueve con cierta autonomía respecto de la Jefatura de Estado, apostando al diálogo con provincias donde el Gobierno nacional mantiene tensiones abiertas.


