La obra, creada por el artista chaqueño Silvio Coronel en el marco del Encuentro Nacional de Escultores, representa una neurona en hierro y se emplaza en calle Tucumán y Sobral, frente al edificio de la institución educativa y cultural.
La Municipalidad de Villa María inauguró la escultura «Neurósfera», obra del artista chaqueño Silvio Coronel, emplazada en la esquina de calle Tucumán y Sobral, en articulación con la firma local Cormetal. La pieza, realizada en hierro mediante la técnica de hidroconformado, representa el diseño de una neurona y simboliza el saber y el pensamiento científico.
El emplazamiento elegido no es casual: busca homenajear el centenario de la asunción del doctor Antonio Sobral como presidente de la Biblioteca Bernardino Rivadavia, institución con más de 120 años de historia en la ciudad. De la inauguración participaron el secretario de Gobierno, Cultura y Relaciones Institucionales, Marcos Bovo; la subsecretaria de Cultura, Virginia Reyneri; la directora de Museos y Patrimonio Histórico, Ángeles Basualdo; la presidenta de la Biblioteca, Cecilia Bazzanella, y los representantes legales de la institución, Sergio Gilabert y Beatriz Britos.
El secretario Bovo destacó que la obra surgió de una construcción colectiva desarrollada en el marco del Encuentro Nacional de Escultores, organizado en torno a cinco ejes temáticos —entre ellos, Educación, eje en el que trabajó Coronel— y remarcó el legado educativo de Sobral para la ciudad: «La educación es esa herramienta de transformación humana que, al mismo tiempo, permite el ascenso social de cada uno de los ciudadanos.»
Por su parte, Bazzanella subrayó el valor simbólico de la pieza: «No es solo una escultura, es un símbolo, representa la potencia del pensamiento, la expansión del saber y la capacidad humana de crear, imaginar y transformar.» La titular de la BBR también recordó la visión que Sobral tenía sobre la educación, a la que concebía «como un proyecto ético, cultural y político, orientado a la dignidad humana, la autonomía moral y la responsabilidad social».
La experiencia también dejó una marca entre los estudiantes que pudieron presenciar el proceso creativo en vivo. Felipe Cecchel, alumno de la especialidad Artes del Instituto Secundario Bernardino Rivadavia, contó que lo que más los cautivó no fue la pieza terminada, sino observar el diálogo del artista con la materia: «Descubrimos que no es lo mismo contemplar una escultura terminada que estar mientras el artista dialoga con la materia (…) ver cómo una chapa plana, rígida y fría se transformaba en formas orgánicas, fluidas y llenas de vida.» El acto cerró con el descubrimiento de la obra junto a una placa conmemorativa.


