Un estudio de la UNC expone desafíos en el norte cordobés: destacan el valor del plurigrado, pero advierten por la continuidad escolar y la falta de políticas adaptadas a la ruralidad.

Las escuelas rurales de Córdoba vuelven a estar en el centro del debate educativo tras un estudio de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) que analiza su realidad en el norte provincial. La investigación advierte sobre carencias estructurales, dificultades para garantizar la continuidad escolar y la falta de estrategias pedagógicas específicas, aunque también resalta el valor del plurigrado como herramienta de aprendizaje.

El trabajo, impulsado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC, releva experiencias en instituciones que, en muchos casos, representan la única presencia del Estado en zonas alejadas. Según datos oficiales, casi la mitad de las escuelas primarias de la provincia se ubican en ámbitos rurales, donde asiste cerca del 9% del alumnado.

El plurigrado como fortaleza pedagógica

Uno de los ejes centrales del estudio es el funcionamiento del plurigrado, modalidad habitual en estas escuelas debido a la baja matrícula. En muchos casos, una sola docente está a cargo de estudiantes de distintos niveles.

La directora del proyecto, Laura Freyre, explicó que esta dinámica favorece habilidades como la expresión oral, el trabajo colaborativo y el respeto por la palabra. Además, se genera un aprendizaje entre pares, donde los alumnos más avanzados acompañan a quienes recién comienzan su trayectoria escolar.

Docentes entrevistadas señalaron que este sistema permite respetar los tiempos individuales y las historias de vida de cada estudiante, aunque requiere una gran capacidad de adaptación y planificación.

Dificultades para continuar la secundaria

Uno de los principales problemas detectados es la continuidad educativa tras la primaria. Si bien la secundaria es obligatoria en Argentina desde 2006, en zonas rurales persisten barreras de acceso vinculadas a distancias, transporte y condiciones socioeconómicas.

“La cobertura en primaria es alta, pero no sucede lo mismo con las posibilidades reales de seguir estudiando”, advierte el informe. Esta situación es aún más crítica en escuelas albergue, donde los estudiantes dependen de infraestructura y políticas específicas.

Falta de recursos y políticas adaptadas

El estudio también señala la ausencia de materiales didácticos pensados para la ruralidad. Las docentes deben diseñar sus propios contenidos, ya que las políticas educativas suelen estar orientadas a contextos urbanos.

A esto se suma la inestabilidad laboral: rotación de docentes, suplencias discontinuas y falta de formación específica. Según el equipo investigador, la permanencia del personal docente es clave para consolidar vínculos con la comunidad y mejorar los procesos de enseñanza.

Alimentación y rol social de la escuela

Otro punto crítico es el funcionamiento de los comedores escolares. Si bien el Programa de Asistencia Integral Córdoba (Paicor) continúa vigente, se registran dificultades en la provisión de alimentos y cierres temporales de servicios.

En este contexto, la escuela rural no solo cumple una función educativa, sino también social. Actúa como espacio de contención, acceso a la alimentación y referencia comunitaria en temas de salud y vínculos familiares.

La maestra, figura central en la comunidad

El informe destaca el fuerte rol de las docentes en estos entornos. A diferencia de lo que ocurre en ámbitos urbanos, su figura mantiene un alto nivel de legitimidad y cercanía con las familias.

En muchos casos, la escuela se convierte en un espacio de consulta y acompañamiento más allá de lo pedagógico, consolidando su lugar como institución clave en el entramado social rural.

La investigación continúa en desarrollo y busca visibilizar estas realidades para impulsar políticas públicas más inclusivas, que contemplen las particularidades de la educación rural en Córdoba.

¡Viralizalo!