Este Jueves Santo, ante una numerosa presencia de fieles, el obispo de la Diócesis de Río Cuarto, Mons. Adolfo Uriona, presidió la celebración de la Santa Misa de la Cena del Señor en la Iglesia Catedral. Durante la liturgia, que conmemora la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, se llevó a cabo el tradicional lavatorio de los pies a distintos integrantes de la comunidad.
En su homilía, Uriona explicó que las celebraciones de estos días tienen un profundo sentido de memorial. En ese marco, señaló que no se trata solo de recordar, sino de hacer presente hoy lo que vivió Jesús en la noche de la Última Cena. Por ello, invitó a los fieles a vivir este tiempo con mayor recogimiento, incorporando momentos de silencio y lectura, y alejándose de las distracciones cotidianas.
Al referirse al Evangelio de Juan, el obispo puso el foco en el gesto de Jesús al lavar los pies a sus apóstoles, al que calificó como una acción inédita para la época. Explicó que se trataba de una tarea propia de los esclavos y destacó el mensaje que transmite: “Jesús vino a servir y no a ser servido. Vino a hacerse esclavo de la humanidad para que nosotros, a través de esa entrega, alcancemos la glorificación”.
Asimismo, subrayó que la verdadera grandeza de una persona se encuentra en su capacidad de ponerse al servicio de los demás. En ese sentido, exhortó a los presentes a transformar sus corazones mediante actitudes concretas de entrega, remarcando que el servicio no requiere acciones extraordinarias, sino que se construye en lo cotidiano, con quienes están cerca.

En el tramo final, recordó que Cristo quiso permanecer bajo las especies de pan y vino para acompañar a los creyentes como alimento espiritual a lo largo de la historia. Antes de continuar con la liturgia eucarística, encomendó a la Virgen María la gracia de poder comprender este misterio de amor y abrir el corazón a una verdadera transformación interior.


