El expresidente venezolano se presentó ante la Justicia de Estados Unidos, negó los cargos y denunció un secuestro, mientras en Caracas Delcy Rodríguez asumió como mandataria interina bajo la supervisión directa de un equipo designado por la Casa Blanca.

La crisis venezolana atravesó este lunes una jornada de alto impacto político y simbólico. Nicolás Maduro compareció por primera vez ante un tribunal federal de Estados Unidos, donde se declaró “no culpable” y se definió como un “prisionero de guerra”, al tiempo que en Caracas se formalizó la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta interina, en un escenario marcado por la vigilancia y el control directo de Washington.

Según consignó la Agencia Noticias Argentinas, el exmandatario fue trasladado desde una prisión de Brooklyn hasta el tribunal del Distrito Sur de Nueva York. Vestido con ropa de presidiario, Maduro intentó dar un mensaje político ante el juez Alvin Hellerstein, afirmando en español que seguía siendo el presidente legítimo de Venezuela. El magistrado interrumpió su exposición y le solicitó limitarse a confirmar su identidad, fijando una próxima audiencia para el 17 de marzo. En la misma causa, su esposa Cilia Flores también se declaró no culpable, mientras que la acusación se amplió para incluir a su hijo Nicolás Maduro Guerra y a Diosdado Cabello.

En paralelo, la transición política tomó forma en Caracas. Delcy Rodríguez juró ante el Parlamento como presidenta interina y habló de un clima de “dolor” por lo que definió como el secuestro de dirigentes venezolanos. Sin embargo, el margen de autonomía quedó rápidamente condicionado por la decisión de Donald Trump de conformar un núcleo duro para supervisar el proceso. El secretario de Estado Marco Rubio, el titular del Pentágono Pete Hegseth y el asesor Stephen Miller fueron designados como responsables de coordinar la transición.

Desde Washington, Trump reconoció que Rodríguez mantiene una actitud de cooperación, pero dejó en claro que el acceso a las reservas petroleras será una condición central. En declaraciones públicas, advirtió que si la mandataria interina no “hace lo correcto”, enfrentará consecuencias incluso más severas que las aplicadas a Maduro.

La tensión en el terreno no cedió durante la noche. Se registraron disparos en las inmediaciones del Palacio de Miraflores tras la detección de drones no autorizados, aunque el gobierno interino aseguró que la situación estaba bajo control. Al mismo tiempo, comenzaron a conocerse cifras del operativo inicial: organizaciones médicas hablan de al menos 70 muertos y 90 heridos, mientras que fuentes militares reconocen un número menor. Cuba, por su parte, confirmó la muerte de 32 agentes que integraban la custodia de Maduro.

En el plano internacional, la operación estadounidense generó repercusiones que exceden a Venezuela. En Groenlandia, el primer ministro debió salir a despegarse de comparaciones luego de declaraciones de asesores de Trump sobre una eventual anexión, subrayando que se trata de una democracia y que el escenario no es equiparable.

Con Maduro ya bajo jurisdicción judicial estadounidense y una transición monitoreada desde Washington, el futuro inmediato de Venezuela se perfila atravesado por una fuerte presión geopolítica, con el petróleo y la estabilidad regional como ejes centrales del nuevo tablero.

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