El líder venezolano quedó alojado en una prisión federal de Nueva York y afronta cargos por narcoterrorismo y tráfico de drogas que podrían derivar en una condena a prisión perpetua, en una causa que marca un punto de inflexión regional.

Nicolás Maduro pasó su primera noche detenido en Estados Unidos luego de ser capturado en Caracas y trasladado bajo custodia federal a Nueva York, donde quedó a disposición del Tribunal del Distrito Sur, uno de los fueros más severos del sistema judicial estadounidense. La detención abre un proceso penal de alto impacto político y jurídico, con consecuencias que trascienden el plano judicial y reconfiguran la relación de Washington con América Latina.

El Departamento de Justicia formalizó en las últimas horas la acusación no sellada contra el mandatario venezolano, lo que dio inicio oficial al proceso. Según la fiscal general Pam Bondi, Maduro será juzgado por cargos de narcoterrorismo, narcotráfico, corrupción y delitos vinculados al uso de armas de guerra, bajo la acusación de haber encabezado durante más de dos décadas una estructura criminal destinada a introducir cocaína en territorio estadounidense.

La causa describe una presunta conspiración de al menos 25 años, con vínculos con organizaciones criminales y terroristas, y sostiene que la red habría utilizado recursos del Estado venezolano para facilitar el tráfico internacional de drogas. Por primera vez, la imputación incluye también a su esposa, Cilia Flores, señalada por delitos relacionados con drogas y armamento, lo que amplía el alcance político del expediente.

Tras su llegada a Nueva York, Maduro fue alojado en una prisión federal de máxima seguridad. Este lunes deberá comparecer ante el juez del Distrito Sur para la audiencia inicial, en la que se formalizarán los cargos y se definirá el cronograma del proceso judicial. La fiscalía considera que se trata de una organización criminal transnacional con capacidad de afectar la seguridad nacional de Estados Unidos.

Los delitos que enfrenta el líder venezolano son de máxima gravedad dentro del sistema federal. La conspiración para importar cocaína contempla penas que van desde los 10 años hasta la cadena perpetua, mientras que el narcoterrorismo puede derivar directamente en prisión de por vida. A ello se suman cargos por corrupción y conspiración criminal, con condenas que pueden superar los 20 años por cada imputación.

El uso y la posesión de armas de guerra agravan aún más el panorama. La legislación estadounidense prevé penas adicionales que pueden acumularse de manera consecutiva, sin posibilidad de libertad condicional, lo que eleva significativamente la expectativa de una condena de por vida si se prueban los cargos centrales.

El tribunal que juzgará a Maduro cuenta con antecedentes emblemáticos. En ese mismo fuero fueron condenados Manuel Noriega, Juan Orlando Hernández y Joaquín “El Chapo” Guzmán, todos con penas cercanas o equivalentes a la cadena perpetua. En esos casos, la Justicia estadounidense consideró probado el liderazgo de organizaciones criminales de alcance internacional y aplicó sanciones máximas.

Al anunciar el avance de la causa, Bondi afirmó que Maduro y su entorno “enfrentarán la Justicia estadounidense”, y recordó que Washington ofrecía una recompensa de 50 millones de dólares por el mandatario, a quien señala como jefe del denominado Cartel de los Soles. Si las penas se acumulan, el destino judicial de Maduro podría traducirse en una condena superior a las cuatro décadas de prisión, equivalente en los hechos a una cadena perpetua.

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