Con aval de la Casa Rosada y respaldo de Martín Menem, la diputada libertaria se encamina a presidir un cuerpo que estuvo paralizado y que resulta estratégico para frenar eventuales embates de la oposición contra Javier Milei.

La diputada nacional Lilia Lemoine aparece como la principal candidata para encabezar la comisión de Juicio Político en la Cámara de Diputados, en una decisión impulsada por la cúpula del Gobierno nacional y con el visto bueno del presidente del cuerpo, Martín Menem. La designación, que podría concretarse en las próximas horas, apunta a normalizar el funcionamiento de una comisión que permaneció virtualmente paralizada desde 2024.

El movimiento tiene una clara lectura política: el oficialismo busca consolidar el control de un espacio institucional determinante para cualquier intento de remoción presidencial. Con Javier Milei en la Casa Rosada, la estrategia pasa por evitar que la oposición reactive ese ámbito como herramienta de presión parlamentaria.

La comisión había quedado envuelta en una disputa interna dentro de La Libertad Avanza tras la fallida designación de Marcela Pagano. En aquel momento, la legisladora había reunido los votos necesarios para asumir la presidencia, pero una intervención de último momento, atribuida a Karina Milei, derivó en la suspensión del proceso. Desde entonces, el cuerpo quedó en un limbo administrativo, sin autoridades formales.

Ese episodio profundizó la interna libertaria. Pagano, que terminó alejándose del bloque, mantuvo un fuerte enfrentamiento con Lemoine, quien ahora aparece como la elegida para ocupar el lugar que su excompañera reclamó durante casi dos años. La definición suma así un componente político adicional, atravesado por viejas disputas dentro del oficialismo.

Durante el período de inactividad, la falta de funcionamiento de la comisión terminó beneficiando al Gobierno, ya que dejó sin efecto práctico cualquier intento opositor de avanzar con un juicio político. En ese entonces, los bloques opositores mostraban mayor cohesión y podían aspirar a reunir mayorías para iniciar el proceso, aunque sin garantías de alcanzar los dos tercios necesarios para una eventual destitución.

En el escenario actual, con el oficialismo fortalecido en ambas cámaras, la eventual conducción de Lemoine refuerza el control político sobre la comisión y reduce al mínimo los márgenes de acción de la oposición. Como alternativa, los sectores no oficialistas mantienen la posibilidad de recurrir a emplazamientos en el recinto, una herramienta que ya utilizaron en reiteradas ocasiones durante el último año.

La movida se inscribe, además, en una estrategia más amplia del Gobierno para ordenar áreas sensibles del Congreso, que incluye el impulso a Sebastián Pareja al frente de la comisión Bicameral de Inteligencia.

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