Las consultoras privadas coinciden en que el rubro alimentos volvió a acelerarse empujado por el fuerte aumento de la carne. Mientras el índice general rondaría el 2,4%, el Gobierno se encamina a cerrar el año con la inflación más baja desde 2017.
El precio de los alimentos volvió a tensionarse en noviembre y marcó la variación más alta desde abril, con la carne como principal impulsor del salto. Así lo indican las mediciones privadas, que ahora esperan la confirmación del INDEC cuando publique el dato oficial el próximo 11 de diciembre. Según la consultora LCG, el rubro trepó en promedio un 3,3%, un punto por encima de octubre. El IETSE también detectó un aumento significativo en Alimentos y Bebidas sin Alcohol, que llegó al 2,6% y estuvo fuertemente influenciado por un alza superior al 10% en la carne vacuna, además de incrementos del 6% en frutas y verduras.
Aunque la suba preocupa por su impacto directo en la canasta básica, en la Casa Rosada el clima es menos tenso: si la inflación general de noviembre cierra entre 2,3% y 2,5%, como anticipan los relevamientos, el año terminará con un acumulado levemente superior al 30%. Ese nivel, incluso con un diciembre tradicionalmente volátil, consolidaría el índice anual más bajo desde 2017, cuando la inflación fue del 24,8%.
En su Informe Económico y Social, el IETSE señaló que la inflación general de noviembre alcanzó el 2,4%, apenas por encima del registro de octubre. El estudio advierte que la variación mensual se mantiene sobre el piso del 2% pese al consumo deprimido y a la caída de la actividad comercial. Factores como el aumento de la canasta básica de alimentos, la suba del transporte urbano y los ajustes en las tarifas de agua y electricidad —que avanzaron entre 3% y 4%— agregaron presión adicional.
El impacto social de esta dinámica inflacionaria continúa siendo profundo. El relevamiento del IETSE, sobre 2.500 casos, indica que más de la mitad de los hogares no logra cubrir la Canasta Básica Alimentaria. Entre quienes sí lo consiguen, siete de cada diez dependen de algún tipo de asistencia estatal. La reducción en la cantidad de comidas diarias afecta a más de la mitad de las familias y un tercio reporta episodios de hambre no resuelto. Casi una de cada cinco personas debió pedir comida o dinero para alimentarse, mientras que un 11% enfrentó situaciones extremas en las que algún integrante del hogar comió solo una vez al día o directamente tuvo que ayunar por falta de recursos. Además, la necesidad de financiar alimentos es casi generalizada y supera el 89%, ya sea mediante tarjetas de crédito, compras fiadas o préstamos, mientras apenas un 10% puede comprar sin recurrir a financiamiento.
El mes cerró, así, con un escenario de precios contenido en lo macro pero aún muy severo en su impacto cotidiano, especialmente en los sectores más vulnerables.

