En el marco del debate por la reforma de la ley penal juvenil, el arzobispo Ángel Rossi cuestionó la baja de la edad de imputabilidad y llamó a priorizar la educación, el acompañamiento y la inclusión social.
La Iglesia de Córdoba se pronunció sobre la discusión en torno a la baja de la edad de imputabilidad, en el contexto del debate legislativo por la reforma del Régimen Penal Juvenil, y expresó una postura crítica frente a las propuestas de endurecimiento punitivo. “Educar antes que castigar”, sostuvo el arzobispo Ángel Rossi.
Durante su homilía dominical, Rossi reflexionó a partir del Evangelio de las Bienaventuranzas y brindó un mensaje pastoral en sintonía con el reciente pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Argentina, en el que se invita a priorizar la educación, el acompañamiento y la construcción de comunidad.
“El Señor habló a gente sencilla, familias golpeadas por la pobreza, el dolor y la incertidumbre. No impuso normas, sino que mostró un camino de felicidad posible, una alegría verdadera que no es ingenua ni superficial, sino una alegría que conoce la cruz y nace del amor”, expresó el arzobispo.
En ese marco, cuestionó que la respuesta frente a las problemáticas juveniles sea el castigo penal. “Es triste ver que tenemos que llegar a nuestros jóvenes a través del castigo y llegar tarde. Frente al fracaso de lo que no supimos cuidar, contener y educar, la única respuesta que se propone es más pena, más encierro, más dolor”, afirmó.
Rossi insistió en que las políticas punitivas no resuelven los problemas estructurales: “Es triste tener que castigar en vez de contener, encadenar en vez de abrazar. Es triste proponer como solución una celda y no un aula, una canchita de fútbol en el club o en nuestra parroquia”.
Además, retomó una reflexión del jurista catamarqueño Morabito, al señalar que “el derecho penal no repara lo que el Estado, la sociedad y la Iglesia no supimos cuidar a tiempo”.
En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de criminalizar a los jóvenes más vulnerables sin asumir la responsabilidad de los adultos y de los sistemas que generan exclusión, violencia y abandono.
Finalmente, el arzobispo subrayó que “proteger a la sociedad no es sólo sancionar, sino prevenir, acompañar y estar presentes a tiempo”, y remarcó que las Bienaventuranzas “siguen siendo hoy un camino contracorriente, pero profundamente humano”, que invita al compromiso con una sociedad más justa y solidaria.
Fuente: CBA24N


