El recambio parcial de la Cámara Alta incorpora figuras con fuerte peso territorial. La nueva composición anticipa negociaciones intensas, alianzas inestables y una agenda legislativa marcada por la influencia directa de las provincias.
El Senado inició este viernes una etapa clave con la jura de 23 senadores electos que asumirán sus cargos el próximo 10 de diciembre. La sesión preparatoria también define autoridades internas y la conformación de las comisiones, en un contexto donde los bloques tradicionales atraviesan tensiones y las alianzas aún están en proceso de recomposición.
El nuevo Senado llega con nombres de alto perfil político y territorial. Entre las incorporaciones más resonantes figuran exgobernadores y mandatarios que todavía ejercen cargos provinciales. En Chaco, Jorge Capitanich —habilitado tras el dictamen favorable de la Comisión de Asuntos Constitucionales— regresará al Congreso, al igual que la actual vicegobernadora Silvana Schneider. También se destaca la continuidad de Gerardo Zamora, gobernador de Santiago del Estero, quien renueva su presencia en la Cámara Alta, reforzando el rol de los líderes provinciales en la política nacional.
Alicia Kirchner, representante de Santa Cruz, se suma a la lista de dirigentes con pasado ejecutivo que tendrán un asiento en el Senado. Junto a ella, continúan figuras con peso propio como Sergio Uñac (San Juan), Juan Manzur (Tucumán) y Rodolfo Suárez (Mendoza), consolidando un bloque de senadores con experiencia de gestión y fuerte influencia territorial.
Esta composición anticipa un escenario complejo: la presencia de gobernadores, exgobernadores y referentes provinciales promete introducir en el recinto disputas de poder que van más allá de las alineaciones partidarias. Cada voto podría depender tanto de acuerdos internos como de necesidades locales, lo que obliga a los bloques a negociar caso por caso. La pluralidad también es notoria: desde libertarios hasta peronistas, pasando por partidos provinciales y fuerzas independientes, la nueva Cámara Alta será un espacio atravesado por múltiples identidades políticas.
Para el oficialismo, la renovación implica un retroceso en su representación, lo que aumenta la centralidad de los mandatarios provinciales como potenciales articuladores de mayorías circunstanciales. El reacomodamiento de las bancas y la debilidad numérica de las fuerzas mayoritarias abren la puerta a una dinámica legislativa más fragmentada e imprevisible.
La sesión de jura será, además de un acto formal, el punto de partida para la disputa por comisiones, la definición de liderazgos internos y la organización del trabajo parlamentario para 2026, un año que se perfila cargado de debates sensibles y decisiones de alto impacto.
Con esta nueva conformación, el Senado ingresa en una etapa de transición con múltiples fuentes de poder, en la que el peso territorial de los nuevos legisladores podría inclinar votaciones clave y moldear la gobernabilidad del Congreso en los meses venideros.


