Un nuevo informe del CECIS encendió luces amarillas —y en algunos sectores, rojas— sobre la situación industrial en Río Cuarto. Durante febrero de 2026, la actividad mostró signos claros de caída, con baja en las ventas, retracción de la inversión y un clima empresarial marcado por la cautela.
El relevamiento indica que las unidades vendidas en el sector industrial registraron una caída interanual del -6,10% en el total de la ciudad. Sin embargo, el impacto no fue uniforme.
El único rubro que logró sostenerse fue el agroindustrial, con un leve crecimiento del +0,82%, consolidándose como el principal sostén de la actividad local. En contraste, otros sectores evidenciaron retrocesos importantes:
- Metalúrgica: -2,00%
- Alimentación: -3,85%
- Panaderos: -3,15%
- Construcción: -6,56%
- Madera: -7,59%
El dato más preocupante surge de los sectores más golpeados:
- Gráficos: -20,65%
- Textil e indumentaria: -27,41%
Estos números reflejan una fuerte contracción del consumo y una crisis profunda en actividades clave de la industria local.
Empresarios sin expectativas de crecimiento
El informe también expone un panorama de fuerte incertidumbre hacia el futuro. En materia de ventas:
- El 82% de los industriales cree que se mantendrán
- Solo el 8% espera un aumento
- Un 10% prevé una caída
Pero el dato más crítico aparece en las expectativas de inversión:
el 86% de las empresas anticipa que disminuirá, lo que evidencia un freno casi total a la expansión productiva. Apenas un 7% planea invertir más.
Empleo: se sostiene, pero sin crecimiento
A pesar del contexto adverso, el sector industrial mantiene una estrategia defensiva para preservar los puestos de trabajo.
En los últimos meses:
- El 88% de las industrias mantuvo su plantilla
- El 12% redujo personal
De cara al corto plazo:
- El 94% espera sostener el empleo actual
- El 6% prevé recortes
- Ninguna empresa proyecta nuevas contrataciones
Un modelo de “supervivencia”
El diagnóstico del CECIS es claro: la industria local atraviesa un escenario de estancamiento con tendencia contractiva.
Mientras el agroindustrial actúa como amortiguador, el resto de los sectores enfrenta dificultades crecientes. En este contexto, las empresas optan por resistir: sostienen el empleo, pero paralizan inversiones y postergan decisiones de crecimiento.
El resultado es un entramado productivo que, más que proyectarse hacia adelante, busca sobrevivir al presente.


