La Universidad Nacional de Río Cuarto realizó este viernes 13 de marzo su 316ª colación de grado, en la que 122 nuevos profesionales recibieron sus diplomas en dos ceremonias desarrolladas en el Aula Mayor.

Durante la mañana egresaron 18 profesionales de Agronomía y Veterinaria y 39 de Ciencias Económicas, mientras que por la tarde recibieron sus títulos 8 graduados de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales, 45 de Ciencias Humanas y 12 de Ingeniería.

En los discursos se destacó el valor de la universidad pública y las oportunidades que brinda para la formación profesional y el desarrollo social. Por parte de las autoridades habló la rectora Marisa Rovera, mientras que en representación de los graduados lo hicieron Milagros Rossaroli, técnica en Gestión Empresarial, y Romina Frankel, ingeniera química.

“El camino no se transita en soledad”

Durante su mensaje, Milagros Rossaroli compartió la emoción de finalizar una etapa académica y agradeció a quienes la acompañaron en el proceso. “Vale la pena el esfuerzo, la constancia”.

La egresada recordó los primeros días de cursado, cuando junto a sus compañeros enfrentaban “certezas, dudas y miedos”, y remarcó que el recorrido universitario implicó momentos de cansancio en los que el título parecía lejano. “El camino no se transita en soledad”, agregó.

Rossaroli agradeció especialmente a su familia, docentes, amigos, compañeros y jefes en el trabajo, y también destacó el rol de la universidad pública como espacio donde “descubrimos nuestros sueños”.

Defender la universidad pública

Por su parte, Romina Frankel señaló que la graduación representa el cierre de “años de esfuerzo, estudio, cansancio, dudas y sacrificio”, y destacó que alcanzar el título confirma que “el esfuerzo valió la pena”. “Los sueños, cuando son sostenidos con trabajo, pueden hacerse realidad”, expresó.

Además, remarcó que el recorrido universitario es colectivo. “Nadie recorre un camino como éste completamente solo”, agregó.

Frankel también llamó a defender el presupuesto universitario, al considerar que proteger la universidad pública implica “defender el presente y el futuro” y garantizar oportunidades para miles de estudiantes.

La formación como compromiso social

En su discurso, la rectora Marisa Rovera destacó que cada graduación refleja uno de los objetivos centrales de la educación superior pública. “Cada graduación representa la concreción de uno de los propósitos esenciales de la universidad pública: formar profesionales capaces de contribuir al desarrollo y al bienestar de la sociedad”, afirmó.

Rovera señaló además que el título universitario es una herramienta para abrir oportunidades, pero también implica una responsabilidad con la comunidad. “Aquí no solo adquirieron competencias y habilidades técnicas. Aquí también aprendieron a analizar la realidad de manera reflexiva, a debatir ideas y a comprender que el conocimiento impacta en la vida de las personas”, expresó.

En ese sentido, sostuvo que la universidad también enseña a cuestionar lo establecido. “Aprendemos a preguntarnos por qué las cosas son como son y, sobre todo, a imaginar cómo podrían ser distintas. Porque preguntar —muchas veces— es un acto de rebeldía”, agregó.

Desafíos para la educación superior

Durante su intervención, la rectora también advirtió que la educación superior atraviesa desafíos políticos y presupuestarios, aunque remarcó el compromiso del sistema universitario con el acceso a la educación. “Defender la universidad pública significa defender un proyecto de sociedad, donde el conocimiento no sea un privilegio, sino una oportunidad para todos”, afirmó.

Rovera subrayó además el valor de la comunidad universitaria y el rol que cumplen docentes, nodocentes, estudiantes y graduados en la construcción del proyecto institucional. “La vitalidad de una universidad no reside solo en sus edificios o en sus laboratorios. Reside, sobre todo, en su comunidad”, sostuvo.

Una universidad que sigue siendo casa

La rectora concluyó su mensaje alentando a los nuevos profesionales a ejercer su trabajo con ética y compromiso social. “Su trabajo, su ética y su compromiso serán el argumento más sólido para demostrar todo lo que una universidad pública puede aportar a la sociedad”, remarcó.

En un contexto de transformaciones tecnológicas profundas, destacó que el desafío no es solo dominar nuevas herramientas, sino orientar esos cambios hacia el bienestar de las personas. “En un mundo cada vez más automatizado, habrá algo que seguirá siendo profundamente humano: la capacidad de pensar críticamente, de sentir empatía y de comprender a los demás”, concluyó.

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