Este sábado, Santa María de Punilla recibió a miles de rockeros de diferentes provincias del país en una nueva edición del Cosquín Rock.
Con clima cálido y húmedo, la edición 2026 abrió sus puertas en el aeródromo con un ingreso ordenado y sin el fervor desbordado de otras temporadas, aunque la intensidad llegaría más tarde desde los escenarios.
La programación mostró una grilla heterogénea, con cruces generacionales y estilísticos que confirmaron la transformación del evento: del rock clásico al pop, del indie al rap, todo convivió en una misma postal.
Las bandas cordobesas Los Mentidores y Eruca Sativa dieron la bienvenida desde los primeros horarios, recibiendo al público que ingresaba por distintos sectores del predio.
Más tarde, el escenario Montaña concentró a una multitud para el regreso de Bersuit Vergarabat, protagonistas de la primera edición del festival 25 años atrás. Con un set potente que combinó clásicos y material posterior a la salida de Gustavo Cordera, la banda selló un reencuentro vibrante con su público, incluyendo mensaje político y saludo a las Abuelas de Plaza de Mayo.
En paralelo, Emi Brancciari se presentó como solista en el escenario Sur, afrontando el desafío de captar audiencia sin el impulso de No Te Va Gustar. Su show incluyó un homenaje a Charly García y dejó buenas sensaciones.



Nueva generación y puestas audaces
Entre los artistas emergentes, El Zar convocó con su pop bailable, mientras que Marilina Bertoldi ofreció uno de los shows más teatrales y rockeros de la jornada. Con una puesta irónica —vestido violeta, banda de “Miss Cosquín” y peluca rubia— desplegó un set intenso que derivó en pogos encendidos, incluso con la presencia de Lula Bertoldi entre el público.
El escenario sorpresa aportó algunos de los momentos más comentados del día. Ale Kurz invitó a Abel Pintos para una celebrada versión de “Ji Ji Ji”, desatando uno de los pogos más masivos de la jornada. En otro cruce memorable, El Kuelgue convocó a Lito Nebbia para interpretar “Solo se trata de vivir”, en un emotivo homenaje en vida.
Dillom vs. Ciro: generaciones frente a frente
A las 19.30, Dillom salió vestido de oficinista y desplegó un set oscuro, con base de rap y guitarras distorsionadas. Consciente de la superposición horaria con Ciro y Los Persas, ironizó con el público y celebró su quinto Cosquín consecutivo.
Del otro lado, Ciro convocó a una multitud y sumó como invitado a Ricardo Mollo, líder de Divididos, reforzando el puente entre generaciones que atraviesa al festival desde su primera edición en 2001.
Pop masivo y figuras consagradas
El cruce estilístico también tuvo su reflejo en el horario central. Abel Pintos debutó en el predio de Santa María de Punilla tras su paso por Jesús María y la Plaza Próspero Molina, y colmó el escenario Boomerang con un repertorio atravesado por baladas y hits coreados por miles.
En simultáneo, Babasónicos ofreció uno de los shows más sólidos de la noche. Con una estética dominada por el rojo y el magnetismo escénico de Adrián Dárgelos, sonaron clásicos infalibles como “Los calientes” e “Irresponsables”.
El lujo internacional
A las 22.40 exactas, Franz Ferdinand tomó el escenario Montaña y durante una hora precisa reafirmó su jerarquía. El carisma de Alex Kapranos y la precisión del grupo sostuvieron un show contundente, con su inconfundible mezcla de new wave, glam y pop bailable. La presencia de la banda escocesa confirmó el salto de prestigio internacional del festival.
Lali, cierre confrontativo
Cerca de la medianoche, Lali protagonizó uno de los momentos más comentados del día. Con un vestido que reproducía titulares críticos en su contra, desplegó una performance coreográfica y potente, alternando protagonismo vocal con apoyo de pistas.
Entre los puntos más altos estuvieron “Motiveishon”, “Soy” y “Plástico”. También sorprendió con una versión intensa de “Los viejos vinagres”, de Sumo. El cierre llegó con “Fanático”, convertido en su himno más confrontativo hacia el presidente Javier Milei.
La primera jornada dejó en claro que Cosquín Rock 2026 apuesta a la amplitud estética y a la convivencia de públicos diversos. Entre el pogo rockero, el pop multitudinario y la jerarquía internacional, el festival volvió a demostrar por qué sigue marcando el pulso de la música argentina.

