Con un clima festivo y un importante acompañamiento de público, el Festival Nacional de Folklore de Cosquín inició una nueva edición en la Plaza Próspero Molina, combinando homenajes, figuras consagradas, artistas emergentes y una fuerte impronta latinoamericana.

La apertura del festival encontró a Cosquín envuelta en un ambiente de celebración colectiva, con una Primera Luna que volvió a confirmar el carácter identitario del encuentro más representativo del folklore argentino. La ceremonia inicial respetó los rituales tradicionales y tuvo como primer protagonista a Christian Herrera, Consagración de la edición anterior, quien fue el encargado de dar el puntapié artístico sobre el escenario Atahualpa Yupanqui.

Desde allí, la programación se desplegó con una grilla que recorrió distintas expresiones del folklore y la canción popular, en una noche donde convivieron la tradición, la renovación y la mirada federal. Uno de los momentos más significativos llegó con la interpretación del Himno Nacional Argentino a cargo de Jorge Rojas, que imprimió un tono emotivo y simbólico al inicio formal del festival.

La presencia de figuras históricas tuvo un lugar central con el paso de Los Manseros Santiagueños, que aportaron la fuerza de un repertorio profundamente arraigado en la cultura popular, y con la actuación de Horacio Banegas, que reforzó la identidad santiagueña de la noche. También se destacó Jairo, cuya propuesta artística volvió a tender puentes entre el folklore y otros lenguajes de la música argentina, con momentos compartidos junto a Jorge Rojas que fueron especialmente celebrados por el público.

El cierre de la jornada quedó en manos de Jorge Rojas, quien ofreció un espectáculo extenso y cargado de sensibilidad, recorriendo distintas etapas de su carrera solista y consolidándose como uno de los grandes referentes contemporáneos del género. Su presentación funcionó como broche de oro para una noche inaugural que combinó emoción, calidad artística y fuerte conexión con la audiencia.

La grilla también abrió espacio a las nuevas generaciones surgidas del Pre-Cosquín, con artistas como Emanuel Ayala, Mati Rojas, Wara Calpanchay y el conjunto vocal Trinar, que aportaron frescura, diversidad estética y una representación genuinamente federal. En ese sentido, el festival volvió a ratificar su rol como plataforma para el crecimiento de nuevos talentos.

Uno de los pasajes más singulares de la noche fue la actuación de la cantante peruana Susana Baca, quien sumó una dimensión latinoamericana a la programación. Su presencia amplió el horizonte musical de la Primera Luna y reforzó el vínculo entre las músicas de raíz del continente, generando uno de los momentos más emotivos de la velada.

También tuvo un lugar destacado la Delegación de Santa Fe, con una puesta escénica que combinó música, danza y una fuerte carga simbólica, reafirmando el espíritu federal que distingue históricamente al festival. La participación institucional de autoridades provinciales acompañó este tramo, en una señal de respaldo político y cultural al evento.

Como es tradición, la noche no terminó con el cierre formal del escenario mayor. La Cacharpaya volvió a extender la celebración hasta la madrugada, cuando músicos y artistas compartieron un espacio más distendido, reforzando el carácter comunitario y participativo que identifica a Cosquín.

La Primera Luna de la edición 2026 dejó así una imagen clara del rumbo del festival: un equilibrio entre la memoria y el presente, entre las grandes figuras y las nuevas voces, y una apuesta sostenida por la diversidad cultural como eje central de uno de los eventos más importantes del calendario cultural argentino.

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