La mora de las familias sigue elevada y los bancos detectan que una parte de quienes reestructuraron sus deudas vuelve a caer en incumplimiento. La reincidencia complica la expectativa de una recuperación de la cartera hacia fin de año.
La morosidad de las familias continúa siendo uno de los principales focos de atención para el sistema financiero. Aunque los últimos indicadores muestran cierta estabilización, los bancos comenzaron a detectar una dificultad adicional: parte de los clientes que ingresaron a planes de refinanciación vuelve a incumplir sus pagos.
Según información relevada por Noticias Argentinas entre fuentes del sistema financiero, en algunas entidades la reincidencia alcanza a alrededor del 30% de los clientes que refinanciaron sus compromisos. El dato preocupa porque una refinanciación permite regularizar formalmente una deuda, pero no garantiza que el deudor pueda sostener los nuevos pagos en el tiempo.
El escenario aparece después de varios meses de deterioro de la calidad del crédito. El Banco Central informó que en julio la mora de las familias llegó al 12,9%, mientras que la irregularidad del crédito al sector privado alcanzó el 7,7%. En agosto, una estimación elaborada por la consultora 1816 sobre la base de la Central de Deudores ubicó la mora familiar en 12,8%, una leve mejora mensual pero todavía en niveles elevados.
Una mejora que todavía no se consolida
Uno de los indicadores que siguen las entidades es la mora temprana, que contempla los atrasos que todavía no superaron los 90 días. La evolución de este segmento había generado expectativas de que el deterioro estuviera llegando a un techo.
Sin embargo, la reincidencia de quienes ya habían refinanciado sus obligaciones introduce una nueva incertidumbre: el problema no es solamente cuántos deudores logran regularizarse, sino cuántos pueden mantenerse al día después de hacerlo.
Entre los factores que explican la persistencia de la mora aparecen la evolución de los ingresos de los hogares, el crecimiento del crédito durante la primera etapa de expansión del financiamiento y las condiciones con las que se otorgaron algunos préstamos.
El fenómeno también se extiende al crédito no bancario, donde la morosidad presenta niveles considerablemente superiores a los del sistema financiero tradicional. El mayor costo de este tipo de financiamiento también puede profundizar el endeudamiento de quienes ya tienen dificultades para acceder a nuevos préstamos bancarios.
Para las entidades, una cartera irregular implica no solo un mayor riesgo de incobrabilidad. También puede traducirse en menores montos disponibles, mayores requisitos y condiciones financieras más exigentes para nuevos créditos, lo que termina condicionando el consumo y la capacidad de las familias para volver a financiarse.
En paralelo, el Congreso mantiene en agenda distintas iniciativas vinculadas al endeudamiento familiar. Entre las propuestas aparecen mecanismos para transparentar el costo financiero, límites a las tasas y programas específicos de refinanciación para hogares cuyo nivel de ingresos está comprometido por el pago de deudas.
Así, la evolución de la morosidad hacia fin de año dependerá no solo de que los nuevos incumplimientos se moderen, sino también de que los clientes que ya refinanciaron puedan sostener sus compromisos. Esa reincidencia se convirtió en una de las principales señales que siguen los bancos para determinar si la cartera finalmente comienza a normalizarse.
