Un equipo interdisciplinario de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) reconstruyó la historia ambiental del lago San Roque a partir del análisis de sedimentos acumulados en el fondo del embalse. Las muestras permitieron retroceder hasta 1898 y detectar cómo los cambios en el uso de la tierra, la urbanización, los incendios y el ingreso de líquidos cloacales fueron modificando el ecosistema.

El trabajo fue realizado por especialistas del GeolimnoLab, perteneciente al Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (Cicterra, Conicet-UNC), junto con investigadores de distintas disciplinas. El proyecto recibió financiamiento del Programa Institucional y Multidisciplinar (Primar) de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC.

Los científicos utilizaron técnicas de paleolimnología para estudiar las características físicas y químicas de los sedimentos. El análisis incluyó el tamaño de los granos, la cantidad de fósforo, carbono orgánico y otros componentes, además de pigmentos fósiles asociados a algas y cianobacterias.

Un registro ambiental que llega hasta 1898

Los sedimentos fueron fechados mediante el análisis de elementos radiactivos, entre ellos plomo y cesio. De esta manera, los investigadores pudieron establecer una secuencia temporal en la que cada capa funciona como una suerte de registro de las condiciones ambientales de una determinada época.

La muestra más antigua analizada corresponde a 1898, pocos años después de la inauguración del dique. El embalse es una pieza central del sistema de abastecimiento de agua de Córdoba y, según el estudio, sus sedimentos conservan las marcas de las transformaciones ocurridas durante más de un siglo.

El análisis también se complementó con información geográfica. Se utilizaron mapas, entrevistas, fotografías aéreas e imágenes satelitales para estudiar la transformación de los suelos en un radio de cinco kilómetros alrededor del lago, desde sus condiciones naturales hasta el avance de las áreas urbanizadas.

Cuatro etapas en la historia del San Roque

A partir de la combinación de los registros físicos, químicos y biológicos, el equipo identificó cuatro períodos ambientales. El primero se extiende desde 1898 hasta 1953 y coincide con el llenado del lago y una fuerte influencia de los ríos tributarios.

Durante esa etapa predominaban sedimentos de tamaño grueso y medio. Los investigadores también detectaron valores relativamente altos de carbono orgánico, asociados con la deforestación registrada en la cuenca durante el proceso de transformación del territorio.

La segunda etapa abarca de 1953 a 1983, período en el que el embalse aumentó significativamente su volumen a partir de la construcción del segundo paredón y la ampliación del dique. Los sedimentos adquirieron características propias de aguas más profundas y disminuyó la producción de carbono. En esta etapa comenzaron a registrarse las primeras floraciones de cianobacterias.

La urbanización aceleró la degradación

El tercer período, entre 1983 y 2005, representa para los investigadores un punto de inflexión. En esos años aumentaron significativamente el carbono orgánico total y los pigmentos vinculados con la presencia de algas y cianobacterias.

Según el estudio, durante esta etapa se produjo una aceleración del proceso de eutrofización asociada con el impacto de las actividades humanas. El período coincide con un crecimiento de la urbanización en el área de influencia del lago.

Joaquín Deon, integrante del equipo y del Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC, explicó que los desmontes, incendios y la expansión urbana con fines turísticos y residenciales, junto con la disposición de aguas grises y cloacales, afectaron los cursos de agua tributarios y el propio embalse.

El investigador vinculó estas transformaciones con el concepto de Antropoceno, utilizado para describir la fuerte incidencia de las actividades humanas sobre los sistemas naturales. En el caso del San Roque, el equipo identificó señales de esa transformación especialmente desde la década de 1980.

El lago llegó a un estado de hipereutrofización

La cuarta etapa corresponde al período actual y está marcada por la profundización de los procesos registrados en las décadas anteriores. Los investigadores detectaron una liberación de fósforo desde los sedimentos, un fenómeno que favorece el crecimiento de algas y cianobacterias.

El estudio concluye que el embalse alcanzó un estado de hipereutrofización, caracterizado por una elevada disponibilidad de nutrientes y floraciones masivas de cianobacterias potencialmente nocivas.

Los llamados “testigos” de sedimento analizados por el equipo registran, de acuerdo con la investigación, un ingreso continuo de nutrientes asociado con las actividades humanas desarrolladas en la cuenca.

La reconstrucción permite observar que el deterioro del lago San Roque no responde a un único momento ni a una sola causa, sino a un proceso acumulativo vinculado con las transformaciones ambientales y sociales de su cuenca.

Para los investigadores, conocer esa historia puede aportar elementos para pensar políticas de protección de las cuencas hídricas, especialmente porque el sistema continúa siendo estratégico para el abastecimiento de agua y para la conservación de los ecosistemas de la región.

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