Un informe de C-P Consultora muestra cómo la caída del empleo registrado empujó a más trabajadores hacia la informalidad. La tasa de informalidad llegó al 44,2% y el desempleo al 7,8%.
La pérdida del empleo formal no siempre termina en el desempleo. En los últimos años, una parte de los trabajadores que quedaron fuera del mercado registrado encontró refugio en la informalidad o el cuentapropismo, aunque con un fuerte costo sobre sus ingresos.
Según un análisis de C-P Consultora basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), quienes perdieron un empleo asalariado privado registrado y pasaron a trabajar por cuenta propia sufrieron una caída del 28% en sus ingresos reales. Entre quienes consiguieron un puesto asalariado no registrado, la pérdida fue del 14%, mientras que quienes migraron al sector público resignaron alrededor del 5% de su poder adquisitivo.
El fenómeno contribuyó a contener el aumento del desempleo, pero al mismo tiempo profundizó la precarización del mercado laboral. La tasa de desocupación pasó del 6,9% en el primer trimestre de 2023 al 7,8% en el mismo período de 2026. En paralelo, la informalidad avanzó del 40,8% entre enero y marzo de 2024 al 44,2% este año, de acuerdo con datos del INDEC.
Del empleo formal a la informalidad
Entre los trabajadores que tenían un empleo asalariado privado registrado y al año siguiente habían cambiado de situación laboral, el 47% consiguió un puesto asalariado no registrado, el 27% pasó al cuentapropismo y el 26% ingresó al sector público.
La pérdida de ingresos fue generalizada para quienes abandonaron el empleo formal privado. La excepción fueron aquellos que lograron conseguir otro puesto registrado en el sector privado, que incluso mejoraron sus ingresos reales en un 2%.
Los más afectados fueron quienes pasaron a trabajar por cuenta propia. El deterioro de sus ingresos alcanzó el 28% entre quienes provenían de un empleo privado registrado y llegó al 20,9% entre quienes ya tenían un trabajo no registrado.
El informe advierte así sobre la distancia entre el crecimiento del cuentapropismo y la mejora efectiva de las condiciones laborales. La expansión de esta modalidad habría funcionado como una alternativa frente a la pérdida de puestos formales, pero con una reducción significativa del poder adquisitivo.
En paralelo, los datos de la Secretaría de Trabajo contabilizan una pérdida de 235.419 puestos de trabajo, un nivel comparable con el deterioro registrado durante la crisis laboral de 2018-2019.
Más informalidad, menos desempleo
El avance de las modalidades informales permitió que la caída del empleo registrado no se trasladara completamente a la tasa de desocupación. El mercado laboral absorbió parte de esos trabajadores mediante empleos no registrados y actividades independientes.
Sin embargo, el resultado fue un mercado con mayor precarización y menores ingresos para quienes debieron cambiar de modalidad laboral.
C-P Consultora también vinculó esta dinámica con los cambios en las condiciones de contratación y desvinculación laboral. Según su análisis, en un contexto de baja actividad y capacidad ociosa, una mayor facilidad para despedir puede acelerar la rotación de trabajadores y profundizar la pérdida de empleo formal.
El escenario combina así dos tendencias: menos puestos registrados y una mayor cantidad de trabajadores que recurren a la informalidad o al autoempleo para mantenerse dentro del mercado laboral.


