La histórica integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora falleció este domingo en Buenos Aires. Su lucha por la memoria, la verdad y la justicia marcó casi cinco décadas de la historia argentina.
La histórica dirigente de derechos humanos Taty Almeida murió este domingo a los 95 años. La referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora falleció a las 19.20 en el Hospital Italiano, según confirmó la organización que integró durante décadas. En las próximas horas se informará el lugar donde se realizará su despedida.
La noticia generó una profunda conmoción en organismos de derechos humanos, dirigentes políticos, sindicales, sociales y culturales de todo el país. Su figura quedó asociada para siempre a la defensa de la memoria democrática y a la búsqueda de justicia por las víctimas del terrorismo de Estado.
Taty Almeida, símbolo de la lucha por Memoria, Verdad y Justicia
Con su característico pañuelo blanco, una voz inconfundible y una presencia constante en las calles, Taty Almeida se convirtió en una de las caras más reconocidas de la lucha por los derechos humanos en Argentina.
Durante décadas participó de marchas, actos, encuentros con estudiantes y actividades vinculadas a la defensa de los derechos fundamentales, transformándose en una referencia para distintas generaciones.
Nacida el 28 de junio de 1930 bajo el nombre de Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, fue conocida por millones de argentinos simplemente como Taty.
La desaparición de su hijo que cambió su vida para siempre
Su historia de militancia comenzó a partir de una tragedia personal. En junio de 1975, su hijo Alejandro Almeida, de apenas 20 años, fue secuestrado y desaparecido por la organización parapolicial Triple A.
A partir de ese momento inició una búsqueda que marcaría el resto de su vida. Lo que comenzó como el reclamo desesperado de una madre terminó convirtiéndose en una causa colectiva que trascendió generaciones.
En numerosas entrevistas, Almeida recordó que provenía de una familia conservadora y que durante gran parte de su vida había permanecido alejada de la militancia política. Sin embargo, la desaparición de su hijo transformó por completo su visión del país y su compromiso social.
De ama de casa a referente histórica de los derechos humanos
Con el regreso de la democracia, Taty Almeida se incorporó a los organismos de derechos humanos y pasó a integrar Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, desde donde sostuvo durante décadas el reclamo por justicia para las víctimas de la última dictadura militar.
Su liderazgo se caracterizó por un estilo cercano y pedagógico. Era habitual verla dialogar con estudiantes secundarios y universitarios, participar de actividades culturales y acompañar distintas causas sociales.
Con el paso de los años, su palabra se volvió una referencia ineludible en cada aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y en cada avance judicial relacionado con los crímenes de lesa humanidad.
«La memoria no pertenece al pasado, sino al futuro»
Almeida fue una firme defensora de los juicios por delitos de lesa humanidad y celebró cada condena contra los responsables de la represión ilegal durante la dictadura.
Incluso cuando el paso del tiempo comenzó a dificultar su actividad cotidiana, mantuvo intacto su compromiso con la transmisión de la memoria histórica a las nuevas generaciones.
Para millones de argentinos, Taty Almeida representó mucho más que una dirigente de derechos humanos. Fue parte de una generación de madres que transformó el dolor más profundo en una lucha colectiva capaz de cambiar la historia del país.
La madre que salió a buscar a su hijo desaparecido terminó convirtiéndose en una de las guardianas más importantes de la memoria democrática argentina. Durante casi cincuenta años sostuvo una misma pregunta —qué pasó con los desaparecidos— y contribuyó a mantener viva esa búsqueda mucho después del fin del terrorismo de Estado.
Su nombre quedará para siempre ligado a la defensa de los derechos humanos, la memoria y la justicia. Y también a una frase que repitió durante décadas y que resume el legado de toda una vida: «La memoria no pertenece al pasado, sino al futuro».


