Una investigación liderada por la científica Julieta Villafañe, de la Universidad Nacional de Río Cuarto, avanza en el desarrollo de bioinsumos que permiten mitigar el impacto de la sequía en el maíz. Se utilizan desechos bovinos y minerales para reducir el estrés hídrico en cultivos. Los ensayos muestran mejoras productivas en el sur de Córdoba.
El trabajo, que se desarrolla en el sur de Córdoba y en Brasil, busca dar respuesta a un problema creciente vinculado al cambio climático, que puede provocar pérdidas de hasta el 50% en el rendimiento del cultivo.
El estudio se basa en el uso de bacterias beneficiosas, compuestos proteicos derivados de desechos bovinos de frigorífico y minerales como el selenio, aplicados tanto en semillas como en plantas y suelos para mejorar la tolerancia al estrés hídrico.
Durante más de cuatro años, el equipo realizó ensayos en laboratorio, cámaras de crecimiento y a campo, incluyendo pruebas en el INTA Manfredi. Allí se simularon condiciones de sequía mediante la reducción del riego en distintas etapas del cultivo.
Los resultados preliminares muestran mejoras en parámetros productivos, morfológicos y fisiológicos. En algunos casos, se registraron incrementos de hasta el 15% en el rendimiento final del maíz, además de mayor altura de planta, incremento del área foliar y mayor acumulación de carbohidratos.
Entre los bioestimulantes utilizados se destacan bacterias promotoras del crecimiento vegetal, como Azospirillum argentinense y Achromobacter xylosoxydans, además de hidrolizados proteicos de origen animal y selenio.
Una alternativa sustentable para el agro
El trabajo se enmarca en un contexto donde el estrés hídrico —provocado por la falta de lluvias y las altas temperaturas— afecta cada vez más a los cultivos. En ese escenario, el aprovechamiento de residuos de la industria alimentaria y el uso de microorganismos aparece como una estrategia innovadora y sustentable.
Según explicó Villafañe, el objetivo es “entender en qué medida estos bioinsumos mejoran distintos parámetros de las plantas y mediante qué mecanismos actúan en condiciones de estrés”.
Los bioestimulantes fortalecen el sistema antioxidante de las plantas, favorecen la producción de azúcares, estimulan el desarrollo de raíces y mejoran la respuesta hormonal frente a condiciones adversas.
Investigación regional con proyección internacional
El estudio se desarrolla en el Instituto de Investigaciones Agrobiotecnológicas (INIAB), de doble dependencia UNRC-Conicet, y forma parte de un doctorado binacional junto a la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro.
Actualmente, la investigadora se encuentra en Brasil finalizando su tesis doctoral, tras haber realizado estudios en la EMBRAPA, donde analizó el metabolismo de plantas de maíz en condiciones de estrés.
Transferencia al sector productivo
Si bien los resultados son alentadores, desde el equipo remarcan que aún se necesitan más estudios para optimizar la aplicación de estos bioinsumos y comprender en profundidad sus mecanismos de acción.
No obstante, algunos de estos productos ya son utilizados por productores, lo que abre la posibilidad de transferir este conocimiento al sector agropecuario del sur de Córdoba.
En un escenario de creciente variabilidad climática, este tipo de desarrollos científicos se posiciona como una herramienta clave para mejorar la sustentabilidad y la productividad del maíz en la región.


