En el marco de un Consorcio Asociativo Público-Privado entre la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) y la empresa Canale S.R.L., investigadores y técnicos avanzan en un desarrollo tecnológico inédito en Argentina: la producción de biochar —carbón ecológico— a partir de rastrojo de arroz.
El proyecto es llevado adelante por el Grupo de Acústica y Vibraciones (GAV) de la Facultad de Ingeniería de la UNRC, junto a personal del CONICET que integra el Instituto de Desarrollo Agroindustrial y de la Salud (IDAS). La iniciativa busca valorizar residuos agrícolas mediante un proceso sustentable, con potencial impacto en el sector productivo y ambiental.
El biochar es un material similar al carbón vegetal que se obtiene mediante pirólisis de biomasa, un proceso termoquímico que se realiza a altas temperaturas y en ausencia de oxígeno. A partir de este procedimiento, distintos residuos orgánicos —como rastrojos agrícolas o restos forestales— se transforman en un producto de alto valor agregado. En el ámbito agropecuario, el biochar es demandado por su capacidad para mejorar la calidad del suelo, actuar como enmienda orgánica y aportar carbono estable que permanece en el tiempo.
En esta experiencia, por primera vez en el país, se utilizó rastrojo de arroz —conocido como paja de arroz— como materia prima para la obtención de biochar. El proceso se desarrolló mediante reactores diseñados específicamente en el marco del consorcio.
“Se trata de uno de los desarrollos tecnológicos que estamos impulsando desde el Consorcio Asociativo Público-Privado entre la Universidad y la empresa Canale S.R.L.”, explicó el doctor Leonardo Molisani, director del GAV e investigador del IDAS (CONICET-UNRC).



A partir de esta articulación se construyeron dos prototipos: uno a escala de laboratorio, orientado a ensayos preliminares, y otro de mayor escala, capaz de procesar volúmenes significativamente superiores de biomasa. En una primera etapa se trabajó con un reactor de aproximadamente 10 kilogramos de capacidad, que ya había sido utilizado con distintos tipos de biomasa, así como con neumáticos fuera de uso y plásticos no reciclables.
Luego de validar la viabilidad del proceso, el equipo avanzó en el desarrollo de un reactor de mayor porte, con capacidad para procesar hasta 500 kilogramos de materia prima por corrida. Ambos prototipos incorporan como principal innovación la posibilidad de operar en un entorno completamente controlado, tanto en temperatura como en presión, lo que permite optimizar el proceso y obtener biochar con propiedades específicas según su aplicación final.
La experiencia pone en evidencia el potencial de la articulación público-privada: mientras el sector productivo aporta capacidad de escalado y proyección comercial, la Universidad y el CONICET cumplen un rol central en la generación de conocimiento, el desarrollo tecnológico y la transferencia al entramado socio-productivo.
Si bien la pirólisis es un proceso conocido desde hace siglos, en la actualidad adquiere un nuevo protagonismo desde la perspectiva de la sostenibilidad ambiental, al permitir la valorización de residuos que antes eran descartados. De este modo, se promueve una lógica de economía circular, transformando desechos agrícolas e industriales en soluciones con impacto productivo y ambiental.
El proyecto constituye un ejemplo concreto de vinculación entre el sistema científico-tecnológico y el sector productivo regional, y demuestra cómo el conocimiento generado en la Universidad puede traducirse en innovación aplicada, desarrollo territorial y generación de valor agregado.

