Con la plaza Próspero Molina colmada y un cielo que finalmente dejó atrás la amenaza de lluvia, la tercera luna del Festival Nacional de Folklore volvió a confirmar por qué es uno de los momentos más esperados de cada edición. La combinación de propuestas tradicionales, miradas contemporáneas y figuras consagradas le dio forma a una noche intensa, diversa y profundamente emotiva.

La tercera luna de Cosquín 2026 se desplegó como una síntesis perfecta del espíritu del festival: respeto por la raíz folklórica, apertura a nuevas expresiones y una fuerte impronta artística atravesada por el compromiso cultural. Desde el inicio, el clima fue de celebración colectiva, con una plaza repleta que acompañó cada una de las propuestas que pasaron por el escenario Atahualpa Yupanqui.

La apertura estuvo marcada por la poesía del ecuatoriano Antonio Preciado, que aportó una dimensión latinoamericana al encuentro, seguida por el himno oficial y la intervención del Ballet, que sumó color y movimiento al arranque de la velada. Luego llegó el turno de Guitarreros, la emblemática banda salteña, que con su estilo vocal inconfundible y su energía festiva encendió definitivamente la noche y puso al público en sintonía.

Uno de los momentos más comentados fue la presentación de Luciana Jury, quien se mantuvo fiel a su identidad artística y a su postura estética y política, aun frente a un público que reaccionó de manera diversa. Con una interpretación intensa y profundamente personal, llevó al escenario un folklore atravesado por la reflexión, la inclusión y la libertad expresiva. Su participación contó con la presencia de artistas invitados como Susy Shock, José Luis Aguirre y Merry Murúa, que reforzaron el mensaje colectivo de su propuesta.

La noche siguió elevando su nivel con la participación de Duratierra, que tuvo uno de sus puntos más altos cuando Micaela Vita compartió la canción “Marzo” junto a Merry Murúa y Noelia Recalde, en un cruce de voces que combinó sensibilidad, fuerza escénica y compromiso artístico. La figura de Vita volvió a destacarse como una de las expresiones más potentes de la escena actual, tanto por su talento como por su presencia sobre el escenario.

El festival también volvió a mostrar su carácter federal e integrador con la participación de ganadores del Pre Cosquín, entre ellos dúos instrumentales y solistas de malambo, además de una delegación proveniente de Uruguay, que aportó al intercambio cultural regional. A esto se sumaron las actuaciones de Lucía Ceresani, con su canto sureño, y Cristian Capurelli, oriundo de Pergamino, ampliando aún más el mapa sonoro de la noche.

El cierre estuvo a cargo de Abel Pintos, quien subió al escenario pasadas las dos de la madrugada y protagonizó el momento más esperado de la tercera luna. Su presencia había generado una fuerte demanda anticipada de entradas, y la respuesta del público fue inmediata. Desde el primer tema, se instaló el ritual de comunión que caracteriza cada una de sus presentaciones en Cosquín.

Dentro de su repertorio, se destacaron especialmente los chamamés “El río va”, compuesto junto a Teresa Parodi, y “La eternidad”, que fueron recibidos con una ovación particular. Aunque no se define como chamamecero, Pintos volvió a expresar su admiración por ese género y por la música del litoral. También hubo lugar para la zamba “Quisiera ser” y para la chacarera “Para cantar he nacido”, de Horacio Banegas y Bebe Ponti, a quienes mencionó con especial afecto.

Uno de los instantes más emotivos llegó con “No me olvides”, cantada casi íntegramente por la plaza, en una escena donde la transmisión televisiva puso el foco en una pareja de mujeres ubicada cerca del escenario, reforzando el clima de inclusión que había atravesado la noche desde la presentación de Luciana Jury.

Así, la tercera luna de Cosquín 2026 dejó una postal marcada por la diversidad artística, la fuerza del folklore en todas sus formas y la capacidad del festival para ser, una vez más, un espacio de encuentro entre generaciones, estilos y miradas del país y la región.

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