La segunda luna del Festival Nacional de Folklore de Cosquín combinó tradición y renovación con una grilla que mantuvo a la Plaza colmada desde temprano. El debut de Cazzu en el escenario Atahualpa Yupanqui, el emotivo encuentro entre Nahuel Pennisi y Raly Barrionuevo, los 40 años del Dúo Coplanacu y la irrupción de la Delegación de Brasil marcaron una de las jornadas más convocantes de la edición 2026.
Cuando todavía faltaba una hora para el inicio formal de la velada, la peatonal coscoína ya mostraba un movimiento inusual incluso para los estándares del festival. El clima anticipaba una noche especial, atravesada por la expectativa del debut de Cazzu, pero también por una sucesión de momentos que terminarían dándole una densidad artística y emocional particular a la segunda luna.
Los primeros grandes protagonistas fueron Roberto Cantos y Julio Paz. El Dúo Coplanacu celebró sus 40 años de trayectoria con un show que combinó calidez, oficio y una conexión intacta con el público. A diferencia de otras presentaciones, eligieron no participar de conferencias de prensa, pero sobre el escenario sostuvieron su impronta habitual. Un grito desde la platea, “gracias Copla, los amamos”, sintetizó el clima que se vivía en la Plaza y tuvo una respuesta inmediata de Julio Paz, que devolvió el afecto con una sonrisa amplia. Más allá de las polémicas recientes que los habían tenido en el centro de la escena mediática, la dupla volvió a dejar en claro que su identidad artística está ligada a una forma de decir y de posicionarse que los acompaña desde hace cuatro décadas.
El repertorio incluyó invitados que reforzaron ese espíritu colectivo. Jimena Romero Paz, de la academia La Clave de Santiago del Estero, se sumó en “Para el que ande lejos”, mientras que el tucumano Nacho Cuéllar interpretó “La luna en tu pelo”. El cierre llegó con una referencia humorística al escaso tiempo asignado en la grilla, apenas media hora, que desató risas en el “gran patio folclórico”, como lo definió Paz. La despedida fue con aplauso de pie.
La noche continuó con uno de los momentos más cargados de sensibilidad. Pasadas las 23, Nahuel Pennisi subió al escenario y volvió a desplegar ese vínculo íntimo que construye con el público a partir de su voz y su manera de comunicar. Sus palabras, simples y directas, reforzaron esa idea de la música como extensión de la vida cotidiana y como puente con la gente. La sorpresa llegó cuando Raly Barrionuevo se sumó para compartir “Doña Ubenza”, con mate de por medio, sellando una escena que combinó camaradería y emoción.
El abrazo entre ambos artistas quedó como una de las postales más fuertes de la noche. Más tarde, ya durante el propio show de Barrionuevo, Pennisi regresó al escenario para interpretar dos temas más, reforzando esa complicidad que atravesó toda la presentación. El repertorio, apoyado en ritmos de carnavalito y chamamé, terminó de transformar la Plaza en un espacio de baile espontáneo, con pasillos colmados de parejas que se movían al compás de la música. Desde la terraza, la imagen de ese patio folklórico en plena ebullición resumía el espíritu de Cosquín en su versión más clásica.
En ese mismo tramo, Barrionuevo también se refirió de manera breve a las repercusiones que había tenido su presentación en Jesús María, donde su show fue más corto de lo habitual. Consultado por la posibilidad de no volver, relativizó la situación y la definió como “un mal día”, dejando en claro su disposición a seguir participando de los festivales que lo convoquen.
El cruce de tradiciones se profundizó con la presentación de la Delegación de Brasil. Tras el homenaje a Ramón Navarro a cargo de Flor Castro y Rocío Villegas, la comparsa carioca desembarcó en el escenario Atahualpa Yupanqui con una puesta en escena inédita para Cosquín. La samba irrumpió en la Plaza con un despliegue visual y rítmico que combinó el carisma de los músicos, la presencia de las passistas y una energía contagiosa que rápidamente se trasladó al público. El contraste con la zamba y la chacarera no funcionó como ruptura, sino como ampliación de los límites estéticos del festival.
La madrugada avanzó con la presentación de Paola Bernal, que incorporó un trabajo escénico con telas blancas, bailarines y un segmento compartido con coplistas y bombistas, antes de darle paso a Facundo Toro. El hijo de Daniel Toro celebró 30 años de carrera con un concierto que puso el acento en la excelencia musical y en el cruce generacional. Invitó a Valentina Lozano, a Joaquín Chavarino, que aportó coplas con un perfil de gaucho moderno, y al Dúo Prado Helguero. Su mensaje fue explícito al convocar a “apoyar a la juventud”, una consigna que se volvió eje de su presentación.
El tramo final de su show sumó a su hermano Claudio y a Guillermo Novellis, de La Mosca, para una versión folklórica de “Muchachos”, en la que reapareció el clima festivo y el guiño futbolero con el pedido de “ir por la cuarta estrella”. La Plaza acompañó con entusiasmo una propuesta que combinó tradición, invitados y actualización del repertorio.
Minutos después, el escenario quedó listo para uno de los momentos más esperados de la noche. Tras la presentación de Gerez-Coliluan, la pareja ganadora del Pre Cosquín en danza estilizada, llegó el turno de Cazzu. La artista jujeña concretó su debut en la Plaza Próspero Molina con un show especialmente diseñado para los festivales de Jesús María y Cosquín, en el marco de la presentación de su disco Latinaje. Fue su segundo concierto en las sierras cordobesas y estuvo atravesado por un diálogo constante con el público.
Cazzu agradeció la presencia de amigas que la acompañaban desde el campo, recordó sus inicios y compartió la sensación de estar cumpliendo sueños que se habían construido de manera gradual. Musicalmente, el espectáculo se apoyó en una fusión de trap, folklore argentino y cumbia, una combinación que funcionó como eje conceptual de su propuesta. El punto más alto llegó cuando invitó a Los Nombradores del Alba para interpretar “Me tocó perder” y “Zamba para olvidarte”, obra emblemática que en 2026 cumple 50 años desde su creación.
El cierre tuvo un carácter íntimo y simbólico. Cazzu presentó por primera vez su nueva canción, “Jujuy”, y la dedicó a su provincia natal, reforzando el vínculo entre su identidad artística contemporánea y sus raíces culturales. La respuesta de la Plaza terminó de confirmar que su incorporación al universo de Cosquín no fue una excepción, sino parte de un proceso de ampliación estética que la segunda luna dejó claramente expuesto.


